(Misa del día)
Mayo 23 de 2021

Primera Lectura: Hch 2,1-11
Salmo: 104(103),1ab+24ac. 29bc-30.31+34 (R. cf. 30)
Segunda Lectura: 1Co 12, 3b-7.12-13 o Ga 5,16-25
Evangelio: Jn 20,19-23 o Jn 15, 26-27; 16,12-15

I. Orientaciones para la Predicación

Introducción
La Palabra de Dios nos anuncia:

• El Padre de amor cumple la promesa de su Hijo Jesucristo y envía el Espíritu Santo que llena la vida de los discípulos para impulsar la misión de la Iglesia: anunciar a Cristo muerto y resucitado.
• El soplo de Cristo resucitado infunde el Espíritu de vida en los apóstoles para ser enviados: ellos se encargarán de llevar el perdón de los pecados.
• El Espíritu Santo llena el universo como fruto de la Pascua. Hoy nosotros, en la celebración litúrgica, invocamos al Espíritu para que nos anime en el momento presente, sobre todo para que construyamos la unidad de la familia humana.

1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El libro de los Hechos de los Apóstoles es considerado el “Evangelio del Espíritu Santo”. Esta obra de Lucas nos retrata una Iglesia que todo lo hace por la acción del Espíritu y esto gracias al acontecimiento de Pentecostés. Lucas intenta describir la venida transformadora del Espíritu a partir de signos teofánicos del Antiguo Testamento: el ruido, el viento, las lenguas de fuego. Lo que pretende Lucas es transmitirnos el alcance y las consecuencias de Pentecostés y para eso ha construido un relato que conserva su frescura y actualidad, dos mil años después de haber sido escrito. No sólo narra un hecho del pasado, sino que sirve de modelo para interpretar lo que hace el Espíritu en el “hoy” de la Iglesia.

Todo ocurre en aquella casa donde se encontraba la comunidad que se había congregado después de la Ascensión. Adquiere protagonismo el viento huracanado: la lengua griega usa el mismo término para designar viento y Espíritu (Pneuma-Ruah). Del signo de las lenguas de fuego, se desprende el hecho de hablar en diferentes lenguas. Lucas nos presenta una composición muy gráfica para comunicarnos cómo el Espíritu de Dios tomó posesión de aquellos hombres y mujeres. Así, los lectores de todos los tiempos pueden tener clara la imagen de este gran acontecimiento.

Hemos sido bautizados todos en un mismo Espíritu. Esta realidad nos la presenta la segunda lectura para que los cristianos recordemos en dónde hemos recibido al Espíritu y para que estemos convencidos de que somos verdaderos portadores del Espíritu Santo. Gracias a Pentecostés, el Paráclito es derramado en los hombres y mujeres de todos los tiempos a través a las mediaciones sacramentales del bautismo y la confirmación. En el Evangelio, Juan nos relata la primera aparición del Resucitado a los Doce, reunidos con las puertas cerradas. El soplo de Cristo, vencedor de la muerte, evoca el soplo creador del Génesis, lo que significa que el Espíritu de Dios realiza la nueva creación, que es consecuencia del Misterio Pascual de Cristo. Para realizar esta obra, los apóstoles son enviados por Cristo, capacitados por el Espíritu.

2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?
Como la Virgen María y los apóstoles en Pentecostés, así nosotros por el bautismo y la confirmación hemos sido llenos del Espíritu. Así como Cristo fue movido por el Espíritu Santo en todo su ministerio y vivificado por el Espíritu en su resurrección, nosotros debemos ejercer nuestra vida cristiana dejándonos guiar y resucitar por el Espíritu Santo. Si nos fijamos en la secuencia de la solemnidad de hoy, podemos descubrir lo que puede hacer el Espíritu Santo, llegando hasta el fondo del alma para ser nuestro descanso, nuestro gozo, nuestra luz. Debemos asombrarnos cuando esta oración le dice al Espíritu Santo: “Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro”. Para llenar los vacíos del ser humano de hoy es enviado el Espíritu. Él es el amor del Padre y del Hijo y, cuando llega a nuestra vida, nos infunde el verdadero amor que nos hace sentir plenos y dichosos.

Hoy acontece la efusión del Espíritu Santo para la Iglesia. Lo que aconteció en Pentecostés se actualiza concretamente en cada Eucaristía, pues el Espíritu vivificador no sólo desciende sobre las especies eucarísticas, sino también sobre la asamblea que celebra: “para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu”. En Pentecostés nació la Iglesia, pero en cada Eucaristía la Iglesia se renueva y renace para ser signo de unidad. De aquí surge el reto para cada bautizado: con el don del Espíritu, el bautizado está llamado a contribuir en la edificación de la Iglesia. No podemos rendirnos en la construcción de la unidad de la Iglesia. Contamos con la fuerza del Espíritu Santo para que los hijos de Dios vivamos la fraternidad y para que todos los seres humanos lleguemos a ser una verdadera familia de hermanos. Claro está que la unidad se comienza a vivir en cada familia, en cada parroquia, en pequeñas comunidades parroquiales para que de ahí se comience a vivir en los diferentes grupos y ambientes de la sociedad.

3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
La secuencia de Pentecostés es una oración que viene de la Tradición viva de la Iglesia. Es un texto elaborado para ser orado y para ser contemplado. Primero que todo, oremos con él, pronunciando el mismo grito de la Iglesia que clama en este día: “Ven, Espíritu Divino”. Luego, procuremos contemplar los símbolos y las acciones que encontramos en este himno: luz, huésped, descanso, brisa, etc.; reconforta, riega, sana, etc. De esta manera podremos contemplar las maravillas que obra el Espíritu Santo en la vida humana, en la sociedad, en el universo entero.

II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles

Monición introductoria de la Misa

Cristo resucitado, glorificado por el Padre, derrama sobre la Iglesia el Espíritu Santo. Hemos llegado al culmen de la Pascua y nuestra alegría es desbordante ya que el Espíritu vivificador renueva el Universo y transforma nuestros corazones. Oremos por toda la Iglesia, por nuestra diócesis, nuestra parroquia y nuestra familia para que el acontecimiento de Pentecostés anime nuestra vida eclesial. Participemos alegres en esta celebración.

Monición a la Liturgia de la Palabra
Prestemos toda nuestra atención a la liturgia de la Palabra para poder evocar lo que sucedió en Pentecostés y así contemplar que hoy se actualiza la efusión del Espíritu Santo, Señor y dador de vida, en la Iglesia. Escuchemos atentos la Palabra de Dios.

Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Hoy el Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones para recibir vida en abundancia. Por medio de Cristo resucitado, presentamos nuestras oraciones al Padre para pedirle que renueve en nosotros la experiencia de Pentecostés. Por eso decimos:

R. Envía tu Espíritu Señor y renueva la faz de la tierra

1. Te pedimos, Padre, que el Espíritu Santo siga renovando la vida de la Iglesia para llevar a cabo su misión evangelizadora con el gozo y el entusiasmo de la fe, para que, el Espíritu nos guíe hacia la unidad que Cristo quiere para el mundo entero. Oremos.
2. Te pedimos, Padre, por los gobernantes de las naciones, para que infundas en ellos la sabiduría del Espíritu para orientar a sus pueblos hacia el progreso, la fraternidad, la justicia y la paz. Oremos.
3. Te pedimos, Padre, que el Espíritu Santo resplandezca con su luz en la vida de todos los que sufren por causa de la pobreza, la violencia, la enfermedad, la soledad, para que infundas en ellos consuelo para sus tristezas y fuerza para levantarse. Oremos.
4. Te pedimos, Padre, por nosotros, que estamos recibiendo hoy la efusión del Espíritu Santo, para que llenando de amor nuestros corazones, limpies nuestras culpas y así comencemos a caminar en la vida nueva de Cristo resucitado. Oremos.

En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales

Oración conclusiva
Padre de la vida,
que nos alegras con la efusión del Espíritu Santo.
escucha la voz de la Iglesia que te invoca
y presenta las necesidades de la humanidad.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén