Es hora de reenfocar la vida

Esta terrible pandemia que afecta a todo el planeta es una noche oscura en donde pareciera que no sale la luz. La humanidad ha pasado por múltiples azotes: la guerra, el hambre, las epidemias y pandemias, etc. Si hacemos una breve secuencia histórica de las epidemias que ha tenido la humanidad nos encontramos con cuadros terroríficos. La diferencia con el actual es que la padecemos. Al conocer por la historia hablada y escrita, la terrible conflagración de la guerra del 39 al 45 que dejó cincuenta millones de muertos, más las secuelas de mutilaciones, hambre y miseria; siente uno el corazón desgarrado. Nunca se logra entender y dimensionar la maldad que puede hacer el hombre. El hombre en su soberbia es tan cínico que le echa la culpa a Dios. ¡Ah, tras de ladrón, bufón!


¡Hombre! ¿Quién eres tú? Eres más frágil que un pétalo de rosa, ¿por qué te crees dios?,
¿dónde queda tu arrogancia?; ¿te creías absoluto!, ¡pobre hombre, tan grande y tan pequeño! Hombre: ¿por qué sacaste a Dios de la vida pública? Has llegado a aceptar el axioma cultural: la religión es asunto privado. Hombre: ya no juras en nombre de Dios, fuente suprema de toda autoridad. Dios sobra, Dios es un estorbo. Ahora se jura en nombre de la Constitución. Hombre: ahora te avergüenzas del nombre de Dios. ¿Por qué quieres suplantar al Creador matando a los niños que están en proceso de gestación?;


¿por qué has determinado que el sexo es elección personal y no un hecho natural? Por consiguiente, siguiendo la lógica que tú has construido, tú puedes elegir el sexo. ¡Qué horror! Has pretendido suplantar al Creador. Hombre: eres tan soberbio y ahora te tiene postrado un virus microscópico. Recuerda hombre: yo no soy tu azote, yo te he amado siempre. Este terrible virus no lo he creado Yo, lo han creado los hombres sin Dios ni ley. Ahora vengo en ayuda tuya para que salgas de esta noche oscura. Recuerda hombre que, sin Mí nada puedes hacer. Recuerda que la ciencia sin ética es la destrucción del hombre. Hombre: recuerda que tú siempre has luchado para sacarme de tu ciudad, de tu hábitat; desde la torre de babel hasta los templos de los nuevos cultos: estadios, playas, explanadas y salas para conciertos multitudinarios en donde van millares con frenesí y te has olvidado de Mí. Mis templos están vacíos. Hombre: hoy día no tienes tiempo para Mí, tú me has sacado de tu vida diaria. Lo único que te ha interesado es triunfar. ¿Quién es para ti el hombre exitoso? Tú has fijado unos parámetros: tener mucho dinero, fama, trofeos; posiciones políticas, sociales, económicas, religiosas. ¿Quiénes reconocen tus éxitos? Las catedrales de los nuevos ídolos: premios Oscar, Globos de Oro, Cannes, etc. Trofeos de la Copa Mundial de la FIFA: copa Jules Rimet, Balón de Oro, Guante de Oro, Bota de Oro, equipo Estelar, etc. Premios en la música: Grammy, mejor álbum, mejor canción, etc. En esos escenarios están los ganadores. Pero, ¡hombre! Yo no te olvido; a pesar de todo te amo y sepas que siempre te amaré.


+ Froilán, obispo de Neiva