Mayo 2 de 2021

Primera Lectura: Hch 9,26-31
Salmo: 22(21),26b-27. 28+30.31-32 (R. 26a)
Segunda Lectura: 1Jn 3,18-24
Evangelio: Jn 15,1-8

I. Orientaciones para la Predicación

Introducción
El quinto domingo de Pascua se enmarca en la experiencia de la comunidad creyente en torno a la visión del Resucitado y sus consecuencias en la vida concreta de la comunidad. Las lecturas de este domingo nos llenan de esperanza porque se descubre que aunque la incertidumbre de las dificultades puede generar dudas y temores (primera lectura de Hechos 9, 26-31) la asamblea de creyentes es el ambiente vital para la experimentar la alabanza y la presencia del Señor (salmo 22), sabiendo que la comunidad se constituye no en torno al mutuo elogio sino a la dimensión del amor y a la experiencia de creer como adhesión permanente a la persona de Jesús (segunda lectura de 1 Juan 3), lo que lleva a establecer que finalmente no se puede concebir la comunidad de fe sin una creciente y permanente comunión con el Señor, al estilo del sarmiento en la vid (Juan 15).

1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
Lo que dice la Palabra en este domingo se puede enumerar en unos puntos muy concretos:

Primera lectura (Hch 9,26-31): Saulo de Tarso es presentado en el texto de los Hechos como un testigo del Señor Resucitado que debe proclamar su testimonio en medio de la comunidad cristiana, de la mano de Bernabé el garante del viaje y hermano mayor en la fe. El v.31 se presenta como una especie de resumen de que acontece en la comunidad pascualizada: vive en la paz en la medida en que se construye y progresa en el temor del Señor.

Salmo 22 (21): El trozo que se proclama en este domingo habla de la tumba, de alabanza y del gozo de un anuncio esperanzador, que termina elevando un canto al Señor, que es vida y victoria. Pero termina el trozo de este salmo invitando a la misión, al anuncio de lo que ha hecho el Señor y las maravillas de su poder.

Segunda lectura (1Jn 3,18-24): Las cartas de Juan son una maravillosa oportunidad para que la comunidad cristiana se mire en el espejo de su historia y descubra que la fe en el Señor resucitado exige un modo de ser, un modo de vivir que parte de la experiencia del amor fraterno real y sincero (v.18) y que establece una nueva relación de los creyentes con Dios y a través de la experiencia joánica de creer, como adhesión permanente a la persona de Jesús, se pueda generar la comunión.

Evangelio (Jn 15,1-8): La alegoría de la vid (que se ubica en el discurso de despedida de Jesús), tiene como tema fundamental el comportamiento (frutos) de la comunidad cristiana, pero el fundamento de todo se da en una instrucción sobre la UNIDAD, es decir, la comunión con Jesús.

La vida cristiana no se trata de momentos de efusividad y de compromiso, se trata de PERMANECER en Jesús, es decir, de construir la vida según los criterios y mandatos de Jesús, pero en el ambiente de la comunidad. Lo que hace la comunidad no es el deseo de estar juntos, sino el permanecer unidos a Jesús, allí se haya el verdadero fundamento y por eso no hay que buscar sino aquello que nos une y aferrarnos a él. Ser Iglesia es ser comunidad y ser comunidad es permanecer unidos a Jesús.

2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la
comunidad?
La Pascua es la experiencia transformadora de la vida, es la oportunidad para descubrir la comunidad y en ella entrar en contacto con el Señor.

Este quinto domingo de pascua nos habla a los cristianos de Colombia sobre un camino de fe que debe recorrer por la senda del amor y la unidad como frutos de la fe, generando así la vivencia del testimonio fiel en medio de una sociedad que grita su vacío por la falta de unidad y pregona el individualismo como medio de felicidad y realización.

En una patria herida por las décadas de violencia, fracturada por las polarizaciones ideológicas y necesitada de procesos serios de sanación frente a su historia, la reciente pandemia nos ha llevado a pensar que el aislamiento nos separa y nos hace incapaces de gustar la presencia del otro, la vida del hermano y del que es diverso. Por eso la Palabra de este domingo es una gran oportunidad para que los cristianos dejemos que ella nos interrogue y nos juzgue, nos haga replantear horizontes nuevos y genere un clima de reconstrucción social y de reconfiguración, para buscar motivos de encuentro y de diálogo y propiciar los frutos que necesita nuestro país: unidos por un mundo nuevo, por una sociedad reconciliada en el amor e impregnada de la fe en el Señor resucitado.

3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Para orar es necesario abrir el corazón y una buena oración en este domingo sería aquella que nos plantea el youcat de oraciones en el tema de la unidad: En el silencio del día que amanece. Inspirada en un texto de la beata María de Jesús crucificado (Mariam d‘Abbellin).

Señor Jesús,
en el silencio de este día que amanece,
vengo a ti, con humildad y confianza.
Quiero que me des tu paz, tu sabiduría, tu fuerza
para contemplar, con los ojos llenos de amor,
la grandeza del universo.
Hazme comprender que la gloria de la Iglesia brota
de tu cruz, como una fuente viva.
Permite que reciba a mi prójimo como a aquel
que tú quieres amar por medio de mí.
Disponme a servirle con generosidad,
y a ayudarle a hacer fructificar todos los dones
que tú has puesto en él.
Que mis palabras irradien la dulzura,
y que mis gestos promuevan la paz.
Que en mi espíritu sólo habiten pensamientos generosos.
Que mis oídos se cierren a toda calumnia
y que mi lengua sólo esté al servicio de la bondad.
Pero, ante todo, Señor, permíteme estar siempre
alegre y caritativo, para que todos los que están en mi camino
adivinen tu presencia y tu amor en mí.
Revísteme del resplandor de tu bondad y de tu belleza
para que dé testimonio de ti a lo largo
de este día. Amén.

Para contemplar podemos resumir el mensaje de este domingo en un texto que brota del Evangelio: “El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante”. Si se repite este texto se logra interiorizar que la unidad se busca para que haya frutos.

Unido a este elemento es importante establecer compromisos de vida: trabajar por la unidad concreta entre los miembros de la misma comunidad (familia, parroquia, diócesis, etc.)

 

II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles

Monición introductoria de la Misa
Convocados en este día del Señor para permanecer unidos a Él, experimentamos la alegría de saber que el Resucitado no sólo se nos muestra en el camino, sino que continúa alimentándonos en la mesa de la Eucaristía y nos fortalece con su Palabra. Porque queremos responder a la vocación cristiana, debemos creer y amar, y ello sólo será posible si la Pascua rebosa nuestra alegría. Participemos activamente en esta celebración de la fe.

Monición a la Liturgia de la Palabra
Abramos el oído y despertemos todos los sentidos para reconocer el paso del Señor Resucitado por nuestra vida. La Palabra no es sólo una instrucción, es nuestra brújula en el camino para saber vivir según el querer de Dios y en la experiencia de la comunidad donde somos engendrados. Escuchemos atentos.

Oración Universal o de los Fieles
Atendiendo a la Palabra del Señor que nos recuerda que “Sin mí no pueden hacer nada”, unámonos en oración y con fe de verdadera comunidad expresemos nuestras intenciones. Digamos:

R. Mantennos unidos en tu amor

1. Por el Papa Francisco, nuestro obispo N., nuestro párroco N. y todos los ministros de la Iglesia, para que siempre trabajen por el amor y la unidad en la Iglesia. Oremos al Señor.
2. Por los gobernantes de nuestra nación, para que en un proceso de reconstrucción social y sanitaria no olviden que el Señor es el punto de encuentro y en Él se halla nuestra esperanza. Oremos al Señor.
3. Para que, como los testigos de la misión, podamos anunciar que hemos visto  al Señor en el camino de nuestra historia: en el pobre, en el enfermo, en el discriminado y despreciado. Oremos al Señor.
4. Por esta asamblea eucarística, para que permanezca unida a su Señor y experimente los compromisos de la Pascua, construyendo comunidades en el amor y la unidad. Oremos al Señor.

En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales

Oración conclusiva
Atiende, Padre Santo,
la oración de tu Iglesia que, como una vid,
unida a su Señor te presenta su oración.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.