Lección No.4 Eucaristía: Sacrificio de la nueva Ley

Tema No.4

 

“Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes…
…este es el cáliz de la nueva alianza sellad con mi sangre,
Que se derrama por ustedes”
Lucas 22, 19-20

 

INTRODUCCIÓN

Hagan esto en memoria mía”. Seguimos adelante en este curso para ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión. Estamos entregando la cuarta lección: Eucaristía, sacrificio de la nueva ley.

En esta lección queremos que estudien el misterio de la Eucaristía desde la dimensión del sacrificio. El Señor se entrega por nosotros y por nuestra salvación. Serán cinco enseñanzas y una lectura complementaria que nos ayudarán con este cometido.

Desde la dirección de este curso los invitamos para que sigan adelante, con mucha humildad  para que conociendo más al Señor, lo amemos y lo sigamos con decisión.

  

Vamos ahora recibir la introducción al tema que nos hace el P. Ricardo A. Perdomo, director del curso:

Resumen

El sacrificio de nuestro señor Jesucristo en la cruz, en el monte Calvario, es el único y eterno sacrificio de la nueva ley.

En este sacrificio, Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es al mismo tiempo, el único y eterno sacerdote y la única y perfecta victima inmolada al padre por la salvación de toda la humanidad.

La santa misa –representación y reactualización del único y eterno sacrificio del Calvario- es, por ello, de valor infinito.

La santa misa es un sacrificio:
• Latréutico: de adoración al Padre.
• Eucarístico: de acción de gracias a Dios.
• Propiciatorio: de reparación a Dios por los pecados de toda la humanidad.
• Impetratorio: de petición de bendiciones y gracias divinas.

DESARROLLO DEL TEMA

1. Sacrificio

Esta palabra proviene del latín “sacrificium”, sacrum facere, que significa realizar una acción o ritual sagrado. En tales ocasiones se ofrece un don, o bien, un animal como víctima, una ofrenda, un sacrificio nuestro, un sufrimiento, etc., a Dios, a quien se reconoce como señor del universo.

Con esas ofrendas de nuestros bienes o de nosotros mismos –lo que somos y lo que tenemos- queremos no solamente alabar al Señor, si no también entrar en comunión espiritual con El.

Sacrificio es un acto Publio de la religión, de que participan sacerdotes y fieles, quienes ofrecen a Dios una víctima o un bien.

2. sacrificio de la antigua ley

El pueblo de Israel, conforme se lee en los libros sagrados del antiguo testamento, se reunían frecuentemente, fuera o dentro del templo de Jerusalén, para ofrecer sacrificios a Yahvé.

Las normas sobre los sacrificios que se iban a ofrecer al Señor se hallaban catalogada y explicadas sobre todo en los siete capítulos del libro llamado “Levítico”1, lo que es el tercer libro del pentateuco.

Estos sacrificios a Dios eran ofrecidos por las mañanas (sacrificios matutino), o por la tarde (vespertinos) y podían ser “cruentos”2 o incruento, según fuesen o no derramamiento de sangre de la víctima ofrecidas.

Los sacrificios cruentos presentaban cuatro modalidades:
• Holocausto: la victima sacrificada era ofrecida a Yahvé totalmente quemada.

• Comunión: parte de la víctima sacrificada era quemada y ofrecida Yahvé; la otra parte era consumida por los fieles, como señal de comunión como con la divinidad.

• Explicación: sacrificios y ofrendas para expiar la maldad y los pecados de hombres y mujeres.

• Reparación: ofrenda de víctimas y de otros bienes como acto de desagravio a Dios por los pecados cometidos contra sus santas leyes. 

Todos estos sacrificios ofrecidos a Yahvé asistían bien sea en victimas que sacrificaban –corderos, ovejas, cabritos, toros, bueyes, palomas, gallinas u otros amínales-, o bien en otros bienes de consumo y frutos del trabajo del ser humano, primicias de las cosechas, trigo, vino, pan, aceite, harina, perfumes, etc.

1 “Levítico”: deriva del nombre propio hebreo Levi. Levi es un personaje bíblico que dio su nombre a una tribu Israelita, y personifica el sacerdocio de la antigua ley que estaba constituido por sacerdotes reclutados entre los descendientes de Aarón, y de sus auxiliares, los levitas. En los escritorios de los santos padres, la palabra “Levita” era tenida también como sinónimo de “diacono”; estos constituían una especie de orden de los levitas, la llamada “Ordo Levitarum”.

2 “Cruentos”: es un adjetivo triforme latino, que significa sangriento. Deriva de la palabra latina “crúor”, que significa sangre derramada o coagulada. En el latín hay dos palabras para indicar sangre: “saguis” sangre en circulación, y “crúor” sangre derramada. De ahí el sacrificio “cruento” o “incruento”.

Como ya se ha dicho, el templo de Jerusalén era el lugar oficial para la ofrenda de todos estos sacrificios, por medio de los sacerdotes y levitas, de acuerdo con la recomendación de las Sagradas Escrituras a todos los Israelitas: “Nadie se presentará ante el Señor con las manos vacías. Cada uno hará sus ofrendas en proporción a los bienes con que lo haya bendecido el Señor tu Dios.” (Dt 16, 16-17).

Con base a estas prácticas, la Iglesia católica, nuevo Israel de Dios, recuerda también a los fieles la necesidad de presentar sus ofrendas a Dios (destinadas al culto, al sustento de los ministros, a los pobres), mediante el llamado “diezmo” que consiste en un don, un sacrificio, una colaboración material, una ofrenda en dinero, según la posibilidad de cada uno.

Pero es evidente que, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, Dios no aceptaba ni acepta sacrificios fingidos, mentirosos, sin amor sincero a Él y al prójimo, conforme a la enérgica enseñanza de la Sagrada Escritura: “porque prefiero amor, y no sacrificios, y prefiero el conocimiento de Dios, más que holocaustos” (Os 6, 6). “Sus holocaustos no me agradan, ni sus sacrificios me complacen” (Jr 6, 20) “Amar a Dios y al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios” (Mc 12, 33). “Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; luego, regresa y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23-24).

3. El sacrificio de la nueva ley

Todos los sacrificios de la antigua ley no eran más que figuras, anticipo y preparación, para el único, definitivo, irrepetible perenne sacrificio de la nueva ley, el sacrificio de Jesucristo, el Hijo de Dios, en el monte Calvario.

La “hora de Jesús” (Jn 12, 27), la hora de su supremo sacrificio, fue una “hora eucarística”; el “mysterium paschale” incluye también un “mysterium eucharisticum” (Ecclesia de eucharistia 2, 4).
Y quiso la providencia divina que en la tarde del viernes santo, en la misma hora en que los judíos inmolaban sus corderos pascuales para comer su pascua, el Hijo de Dios encarnado, nuevo cordero pascual, estaba siendo inmolado en la cruz, en el monte calvario, en la pascua de la nueva ley.

En este divino sacrificio, el sacerdote oferente y la victima ofrecida y sacrificada fue propio hijo de Dios encarnado, nuestro señor Jesucristo, tal como bellamente lo expresa el texto de la carta a los hebreos: “Cristo, sumo y eterno sacerdote”, “entro una vez por todas en el santuario, no con la sangre de bueyes y novillos, si no con su propia sangre, obteniéndonos una redención eterna” (Hb 5, 6; 9, 12).

El sacrificio de Cristo, sacerdote y víctima, en la cruz, en el monte Calvario, tomando en su totalidad esencial –o sea, englobando como un todo la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo- constituye en el ministerio central del cristianismo.

Este único y divino sacrificio del Calvario es:
- Latréutico: de adecuada adoración de Dios
- Eucarístico: de suficiente acción de gracias a Dios.
- Propiciatorio: de condigna reparación a Dios por los pecados de la humanidad.
- Impetratorio: de eficaz petición a Dios, de la gracia del perdón y de la salvación para toda la humanidad.

 

4. La santa cena pascual

La ultima cena pascual de la antigua ley que Jesucristo celebro en la noche del jueves santo, en el cenáculo de Jerusalén, acompañado de sus doce apóstoles, fue también la primera santa cena pascual de la nueva ley que El instituyo.
Este hecho se produjo en el marco de las solemnidades de la semana pascual judía, significa que Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, es el verdadero, único y nuevo cordero pascual, que destruye todos los pecados del mundo.

En la tarde del primero de todos los jueves Santos, al bendecir y consagrar el pan y vino, por separado –prenunciando así su sacrificio en la cruz y el derramamiento de su sangre divina en la tarde del día siguiente, viernes santo- Jesús se sacrificó (incruentamente) bajo las especies, por separado, del pan y del vino, entregándose inmediatamente después a la muerte de cruz por la salvación del mundo.

Así, haciendo parte esencial del único sacrificio de cristo en la cruz, la última santa cena pascual de Jesús con sus discípulos, en la noche del jueves santo, fue también, por anticipación, la primera actualización incruenta del santo sacrificio de la cruz, en el monte Calvario; o sea, la ultima cena pascual de Jesucristo fue la primera santa misa de su Iglesia.

5. El sacrificio de la misa

En su última cena pascual –en el primero de todos los jueves santos- por medio de los signos sacramentales del pan (“cuerpo entregado”) y del vino (“sangra derramada”), Jesucristo sacerdote y víctima, como acabamos de decirlo, anticipo su propio sacrificio, su entrega total en la cruz, y celebro entonces, al mismo tiempo, en una misma acción sacrificial, su ultima cena pascual judía en su primera y única santa misa.

En cada santa misa, este misterio del sacrificio, pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo sacramentalmente se reactualiza y presencializa en el altar, bajo los signos del pan y del vino.

Tomando el pan en sus manos, Jesús dijo: “Este es mi cuerpo”. Tomando enseguida el cáliz, dijo: “Esta es mi sangre”. Y, dirigiéndose a sus discípulos, alrededor de aquella misma mesa, participantes de la misma cena pascual (y, por extensión, a todos los sucesores de los discípulos), les ordeno: “¡Hagan esto en conmemoración mía!”

Por eso la Iglesia afirma y proclama que la santa misa es la ininterrumpida actualización incruenta del único, definitivo y perpetuo sacrificio de cristo en el Calvario. Un sacrificio por decir así, cósmico, por cuento es celebrado sobre el altar del mundo (Ecclesia de eucharistia 8).

Por eso también la santa misa constituye el centro, la fuente y la cumbre de toda la vida y la liturgia católica.

En la santa misa, la Iglesia católica celebra el gran “misterio de la fe”, es decir, la santísima Eucaristía, en su triple realidad mistérica de:
- Memorial de la pasión y muerte del seños Jesús.
- Sacrificio de la nueva ley.
- Sacramento del amor salvador de Dios. 

Lectura Complementaria

Leer Capítulo I y II de la Carta Encíclica
ECCLESIA DE EUCHARISTIA
del sumo pontífice
JUAN PABLO II

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