VI Domingo de Pascua

CELEBREMOS EL DOMINGO EN FAMILIA
Sexto Domingo de Pascua

Mantener el pequeño altar con su mantel para colocar allí con respeto y devoción la Sagrada Biblia, el crucifijo y una veladora que debe ser encendida con precaución y seguridad.

El que dirige la celebración, los lectores y el salmista deben ensayar convenientemente los respectivos textos que se van a proclamar o cantar en la celebración familiar.

En el momento determinado, se congrega la familia en el lugar dispuesto para dar inicio a la celebración

 

RITOS INICIALES

Todos cantan o recitan

CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR (2)
Amo al Señor porque escucha mi voz suplicante, Porque inclina su oído hacia mí,
El día que lo invoco.

CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR (2)

Me envolvían en redes de la muerte, Caí en tristeza y en angustia, Invoque el Nombre del Señor:
¡Señor, Salva Mi Vida!

Todos se santiguan diciendo
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo
Todos responden

Amén

Saludo

El que dirige la celebración saluda con estas o parecidas palabras

Hermanos, bendigamos al Señor que en el encuentro dominical con Cristo renueva y afianza nuestra vida y nuestra fe, para que caminemos con esperanza haciendo el bien a quienes comparten nuestra historia.

Todos responden

Bendito seas por siempre, Señor

Momento de arrepentimiento

El que dirige la celebración invita a los presentes al arrepentimiento diciendo
Dispongamos nuestro ser para que el Espíritu Santo renueve nuestros corazones de todo mal proceder, y así nos dispongamos a escuchar con fe y alegría la Palabra de Dios que se nos ofrece en esta celebración

Se hace un momento de silencio

Después, todos hacen en común la confesión de los pecados
Jesús mi Señor y redentor...

Oración
Terminado el momento de arrepentimiento el que dirige la celebración dice

Oremos
Todos oran en silencio por un momento. Seguidamente, el que dirige la celebración, sin extender las manos, dice la oración para este domingo:

Dios todopoderoso,
concédenos continuar, con sincero afecto, la celebración de estos días de alegría
en honor del Señor Resucitado,
para que conservemos esta conmemoración siempre en nuestras obras.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Todos responden
Amén

LITURGIA DE LA PALABRA

El lector de la primera lectura, si ha sido posible tener la Sagrada Biblia, la toma con respeto, abre y lee el texto correspondiente, mientras los demás están sentados.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (8,5-8.14-17)
EN aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Al finalizar el lector dice Palabra de Dios Todos aclaman
Te alabamos, Señor


El salmista proclama el salmo y los presentes intercalan la debida respuesta Salmo 66(65),1-3a.4-5.6-7a.16+20 (R. 1)
V/. Aclama al Señor, tierra entera

Aclama al Señor, tierra entera; toquen en honor de su nombre, canten himnos a su gloria.
Digan a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R.

Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre. Vengan a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R.

Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él.
Con su poder gobierna eternamente. R.

Los que temen a Dios, vengan a escuchar, les contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor. R.

Segunda Lectura
El lector de la segunda lectura la hace como la primera

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (3,15-18)

QUERIDOS hermanos:
Glorifiquen a Cristo el Señor en sus corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que les pida una razón de su esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando los calumnien, queden en ridículo los que atentan contra su buena conducta en Cristo. Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal. Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conducirlos a Dios. Muerto en la carne, pero vivificado en el Espíritu.

Al finalizar el lector dice Palabra de Dios Todos aclaman
Te alabamos, Señor

El que va a leer el Evangelio, toma la Sagrada Biblia y, omitiendo el saludo, dice solamente

Escuchen, hermanos, el santo Evangelio según san (14,15-21)

Luego proclama el evangelio
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me aman, guardarán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, lo conocéis, porque mora con ustedes y está en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo no me verá, pero ustedes me verán y vivirán, porque yo sigo viviendo. Entonces sabrán que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí y yo en ustedes. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Acabado el evangelio, el que lo proclama dice
Palabra del Señor

Todos aclaman
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión

Si el Párroco, Pastor de la comunidad, ha enviado la homilía para este día, se lee o escucha, según el caso; con ella se expresa también la comunión con la Iglesia parroquial, de la cual se es parte viva.
En su defecto se lee la reflexión que se ofrece a continuación


Ante la proximdiad de su “subida al Padre”, Jesús resucitado instruye a sus discípulos para que continúen la misión de anunciar el Evangelio. Sus palabras son “verdaderas” y contienen “promesas” que garantizan la permanente acción del Señor en la vida misma de sus discípulos. Tales promesas expresan la fidelidad de Cristo, Él seguirá “al lado” o “junto a”, como expresa el término “paráclito”, y precisa que enviará “otro paráclito”, que hará posible la continuación de la obra salvadora del Mesías. Recordemos las palabras del apóstol Pedro, que señala cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. (Hch.10, 38).


Del mismo modo que en Cristo obraba con fuerza el Espíritu Santo, de la misma manera obrará en la persona del discípulo-misionero. Por eso se trata aquí de una promesa que también hoy es para nosotros y que llama a todos los bautizados al

compromiso en el anuncio del evangelio, porque la intimidad de la Iglesia con Jesús se configura como comunión misionera.


En la actualidad, el papa Francisco, nos impulsa con sus palabras y escritos, a vivir en esta dinámica de comunión-misión. Estar unidos a Cristo hace posible la pasión en la misión: “allí está el manantial de la acción evangelizadora. Porque si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros? (E.G 8).


De frente a la realidad que vivimos, no podemos permitir que ni las dificultades o los malos momentos, frustren este dinamismo renovador, recordemos las palabras del apóstol Pablo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución hambre, desnudez, peligro, espada?” Como dice el texto: “Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte, nos tratan como a ovejas destinadas al matadero. En todas esas circunstancias salimos más vencedores gracias al que nos amó” (Rom 8, 35-37).


El Evangelio, a través del cual continúa actuando la fuerza del Espíritu Santo y las mismas adversidades transformadas por él en fortalezas, deben impulsarnos a discernir cuál será el camino que el Señor nos pide seguir, porque todos estamos capacitados por el bautismo y llamados a aceptar esta misión: salir de nuestra propia comodidad y atrevernos a llegar a todas las periferias (diversos sectores de personas y realidades) que necesitan de la luz del Evangelio, para que a su vez vuelvan al camino y se reencuentren con el Señor.


Preguntémonos a la luz de la Palabra escuchada, ¿qué palabras, actitudes y/o acciones, inspiradas por el Espíritu Santo, puedo realizar y compartir con quienes se encuentran perplejos y desconcertados, solos y sufrientes ante la realidad del coronavirus y, de este modo, podamos ser instrumentos para que Dios actúe en bien de los hermanos, especialmente de los más necesitados?


Acabada la reflexión, el que dirige la celebración dice

Hagamos un momento de silencio para hacer eco interior de la Palabra proclamada, compartamos la frase que más nos llamó la atención y manifestemos el compromiso que tendremos para esta semana.

Credo

Luego, el que dirige la celebración dice
Como respuesta a la Palabra de Dios escuchada, reflexionada y compartida, digámosle a Dios que creemos en él, en su Hijo y en el Espíritu Santo.
Y todos profesan la fe
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen;

Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

Oración de Fieles
El que dirige la celebración dice

Hermanos, impulsados por la fuerza del Espíritu Santo, acudamos al Padre celestial, para que escuche nuestras plegarias:

R. Escúchanos, Padre Santo
• Por la Iglesia de Cristo, para que la presencia del Espíritu Santo, la impulse a salir de los miedos y conformismos, y así pueda anunciar con alegría el mensaje de la salvación.
• Por nuestros gobernantes para que, por medio del bien y la justicia, fomenten en sus planes de gobierno la integridad y el orden en estos tiempos de necesidad.
• Por nuestros hermanos que viven en las periferias para que, por la práctica de nuestra caridad, se sientan incluidos y atendidos, y así experimenten la cercanía de Cristo y de la Iglesia.
• Por los que se encuentran viviendo experiencias de dolor, duelo o enfermedad a causa del COVID-19, para que descubran en la fuerza de la fe, la presencia siempre cercana de Dios, fiel y misericordioso.
• Por los que han fallecido a causa del COVID-19, para que Dios les conceda el descanso eterno y a sus familias la fortaleza cristina.

Se pueden hacer otras intenciones familiares

Oración conclusiva
Padre misericordioso,
mira a tu pueblo aquí reunido,
y escucha la voz de los que te suplican. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos responden
Amén


El que dirige la celebración dice

PADRE NUESTRO

Movidos por el Espíritu Santo que hemos recibido, dirijámonos con esperanza al Padre del cielo, diciendo:
Todos
Padre nuestro...

COMUNIÓN ESPIRITUAL
A continuación, se manifiesta el deseo de recibir a Jesús en la Eucaristía de modo espiritual Todos
Creo, Jesús mío,
que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.

ACCIÓN DE GRACIAS
Después se recita o se entona un cántico de acción de gracias Salmo 102 (1-7)
Bendice alma mía al Señor

Todos
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura; él sacia de bienes tus anhelos,
y como un águila se renueva tu juventud.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos; enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.


Todos

INVOCACIÓN A LA VIRGEN MARÍA

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios;
no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien líbranos siempre de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita! Amén


Rezar 3 Ave Marías

RITO DE CONCLUSIÓN

El que dirige la celebración, invoca la bendición de Dios y se santigua, diciendo
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna

Todos responden
Amén

Se puede concluir entonando o recitando un canto a la Virgen María

Quién será la mujer que a tantos inspiró poemas bellos de amor.
Le rinden honor la música, la luz, el mármol, la palabra y el color.

Quién será la mujer que el rey y el labrador invocan en su dolor;
el sabio, el ignorante, el pobre y el señor, el santo al igual que el pecador.

/MARÍA ES ESA MUJER
QUE DESDE SIEMPRE EL SEÑOR SE PREPARÓ, PARA NACER COMO UNA FLOR
EN EL JARDÍN QUE A DIOS ENAMORÓ. / (2)

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