V Domingo de Pascua

"Yo soy el camino, y la verdad, y la vida"
San Juan 14, 6
Guía de Celebración en Casa

La celebración de la Resurrección de Jesús continúa en las siete próximas semanas de Pascua hasta culminar en Pentecostés. Durante este tiempo de confinamiento Aleteia, en colaboración con la revista Magnificat, sigue ayudándole a celebrar la Palabra de Dios en casa.

Guía general a la celebración

Si usted se encuentra solo, es preferible leer las lecturas y oraciones de la misa de este domingo (que también podrá encontrar en esta guía) o seguir la misa por televisión o en Aleteia a través de esta página especial creada por Aleteia para Semana Santa. Esta celebración requiere al menos la participación de dos personas.

Puede escogerse el horario más conveniente, entre la tarde del sábado hasta la tarde del domingo.

Esta celebración se adapta particularmente a un marco familiar, de amistad o de vecinos. Ahora bien, en el respeto de las medidas del confinamiento, es necesario verificar si está permitido invitar a los vecinos o amigos.

En todo caso, durante su celebración, deberán respetarse estrictamente las consignas de seguridad.

Se ha de colocar el número de sillas necesario ante un espacio de oración, respetando las distancias establecidas por las autoridades.

En la medida de lo posible se renovará la decoración del espacio de oración: estatuas, imágenes, iconos, velas, flores… Para subrayar el carácter festivo, se podrán añadir dibujos de los niños, flores de papel, huevos de colores, e incluso bellas guirlandas de Navidad.

Una cruz o un crucifijo deberá siempre ponerse en el fondo.

Se encenderán una o varias velas, que deberán colocarse en un soporte incombustible (por ejemplo, un plato de porcelana o cristal). Al final de la celebración, se apagarán las velas.

Se designa a una persona para dirigir la oración, quien establecerá la duración de los momentos de silencio y preparará la celebración.

Se designan los lectores para las diferentes lecturas.

Los presentes pueden preparar las oraciones de los fieles (aquí se propone una fórmula). Se pueden preparar cantos apropiados.

 

QUINTO DOMINGO DE PASCUA
Celebración de la Palabra
“Yo soy el camino, la verdad y la vida;
nadie va al Padre si no es por mí”, dice el Señor.

 

Nos sentamos. La persona que guía la celebración toma la palabra:

Hermanos y hermanas,
nuestra vida afronta continuas pruebas.
En estos días de pandemia,
somos más conscientes que nunca
del papel de la muerte en el ocaso de nuestra vida.

Y, sin embargo, en este quinto domingo de Pascua,
iluminados por la luz de la Resurrección,
Jesús nos revela que Él es el camino que lleva al Padre
y que, si ha dejado este mundo,
es precisamente para prepararnos
el mejor de los lugares junto al Padre.

El seno del Padre desde toda la eternidad
es la morada de su Hijo amado.
Ese es el lugar en el que,
con Él y en Él,
en el corazón de la unidad de Amor del Padre y del Hijo,
nos promete una eternidad feliz,
en la comunión del Espíritu Santo.

Entonces, ¿de qué tendremos miedo?
Nos espera el corazón de Dios.
Es la morada que nos ha preparado en su casa.

 

El guía hace una pausa de un minuto de silencio y continúa diciendo:

Jesús, buen Pastor,
En este domingo no podemos
celebrar la Eucaristía,
pero tú nos pides actualizarla
amándonos los unos a los otros
como tú nos has amado.

R/. Amén

Después de un momento de silencio,
todos hacen la señal de la cruz, diciendo:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

El guía de la celebración sigue diciendo:

Para prepararnos a acoger la Palabra de Dios
y de este modo se convierta en motivo de purificación para todos nosotros,
reconozcamos con humildad nuestros pecados.

Sigue el rito penitencial:

Señor, ten misericordia de nosotros.
Porque hemos pecado contra ti.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Y danos tu salvación.

Que Dios Todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados,
y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

Se pronuncia o canta:

Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.

Recitamos el Gloria.

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria
te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros,
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre.
Amén.

ORACIÓN

El guía de la celebración recita la siguiente oración:

Padre nuestro,
lleva a su pleno cumplimiento en nosotros,
el Misterio de tu pasión, muerte y resurrección,
para que, quienes por tu bondad
hemos sido renovados en el Bautismo
demos frutos abundantes con tu ayuda y protección
y alcancemos los gozos de la vida eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor,

R/. Amén

Nos sentamos. El lector asignado lee la primera lectura.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (6, 1-7)

En aquellos días, como aumentaba mucho el número de los discípulos, hubo ciertas quejas de los judíos griegos contra los hebreos, de que no se atendía bien a sus viudas en el servicio de caridad de todos los días.

Los Doce convocaron entonces a la multitud de los discípulos y les dijeron: “No es justo que, dejando el ministerio de la palabra de Dios, nos dediquemos a administrar los bienes. Escojan entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encargaremos este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra”.

Todos estuvieron de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles, y éstos, después de haber orado, les impusieron las manos.

Mientras tanto, la palabra de Dios iba cundiendo. En Jerusalén se multiplicaba grandemente el número de los discípulos. Incluso un grupo numeroso de sacerdotes había aceptado la fe.

Palabra de Dios.
R/. Te alabamos, Señor.

 

El mismo lector u otro asignado lee el Salmo 32.

SALMO RESPONSORIAL

El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.

R/. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.

Que los justos aclamen al Señor;
es propio de los justos alabarlo.
Demos gracias a Dios al son del arpa,
que la lira acompañe nuestros cantos.

R/. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.

Sincera es la palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades.

R/. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.

Cuida el Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambre les da vida.

R/. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.

 

El lector encargado de la segunda lectura se levanta para leer,
mientras el resto de la asamblea permanece sentado.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (2, 4-9)

Hermanos: Acérquense al Señor Jesús, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y preciosa a los ojos de Dios; porque ustedes también son piedras vivas, que van entrando en la edificación del templo espiritual, para formar un sacerdocio santo, destinado a ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios, por medio de Jesucristo. Tengan presente que está escrito: He aquí que pongo en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.

Dichosos, pues, ustedes, los que han creído. En cambio, para aquellos que se negaron a creer, vale lo que dice la Escritura: La piedra que rechazaron los constructores ha llegado a ser la piedra angular, y también tropiezo y roca de escándalo. Tropiezan en ella los que no creen en la palabra, y en esto se cumple un designio de Dios.

Ustedes, por el contrario, son estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios y pueblo de su propiedad, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Palabra de Dios.
R/. Te alabamos, Señor.

EVANGELIO
Para aclamar el Evangelio, cantamos el Aleluya triunfal.
Todos se ponen de pie.

R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

“Yo soy el camino, la verdad y la vida;
nadie va al Padre si no es por mí”, dice el Señor.

R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

El lector establecido lee el Evangelio,
mientras los presentes permanecen de pie.

Lectura del santo evangelio según san Juan (14, 1-12)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.

Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre”.

Todos aclaman:

R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

Todos se sientan. El guía repite lentamente,
como si se tratara de un eco lejano:

“Yo soy el camino, la verdad y la vida;
nadie va al Padre si no es por mí”, dice el Señor.

Permanecemos tres minutos en silencio de meditación personal.

Nos levantamos para profesar el Credo.

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.

ORACIÓN UNIVERSAL

Si los presentes han preparado las intenciones de oración, pueden presentarlas en este momento.
Si no se han preparado, pueden elevarse estas oraciones que aquí presentamos. El guía de la celebración dice:

Queridos hermanos: en este domingo, el Señor nos exhorta a creer en él. A él, que vive en nosotros, pidámosle que nos ayude y digámosle:

R/. Te lo pedimos, Señor.

Por la Iglesia: para que progrese en fidelidad a su Señor y su acción llegue a todos los hombres. Oremos.

R/. Te lo pedimos, Señor.

Por los sacerdotes y ministros del evangelio: para que se entreguen a sus comunidades sin buscar su bien propio. Oremos.

R/. Te lo pedimos, Señor.

Por nuestros gobernantes: para que garanticen la justicia, promuevan la paz y trabajen por el bienestar de todos. Oremos.

R/. Te lo pedimos, Señor.

Por los catequistas, misioneros y consagrados: para que, viviendo la caridad fraterna, contagien en todos el evangelio de Cristo. Oremos.

R/. Te lo pedimos, Señor.

Por los que han muerto confiando en la misericordia y bondad de Dios: para que gocen de la vida eterna. Oremos.

R/. Te lo pedimos, Señor.

Por nosotros, reunidos para celebrar la Pascua de Cristo Jesús: para que, unidos a él, permanezcamos en el amor mutuo. Oremos.

R/. Te lo pedimos, Señor.

Pueden elevarse otras intenciones de oración. A continuación, el que guía la celebración dice:

Señor, que has amado a los hombres hasta dar tu vida por nuestra salvación; escucha nuestras oraciones y, por tu infinito amor, haz que permanezcamos unidos a ti y que un día podamos resucitar contigo en la gloria. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

 

PADRE NUESTRO

El que guía la celebración introduce el Padre Nuestro.

Fieles a la recomendación del Salvador,
y siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:

Se reza o canta el Padre Nuestro:

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

E inmediatamente todos proclaman:

Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

El guía sigue diciendo:

Acabamos de unir nuestra voz
a la del Señor Jesús para orar al Padre.
Somos hijos en el Hijo.
En la caridad que nos une los unos a los otros,
renovados por la Palabra de Dios,
podemos intercambiar un gesto de paz,
signo de la comunión
que recibimos del Señor.

Todos intercambian un gesto de paz. Si fuera necesario, siguiendo las indicaciones de las autoridades, este gesto puede hacerse inclinando profundamente la cabeza hacia el otro o, en familia, enviando un beso a distancia con dos dedos en los labios.
Nos sentamos.

COMUNIÓN ESPIRITUAL

El guía dice:

Dado que no podemos recibir la comunión sacramental,
el Papa Francisco nos invita apremiantemente a realizar la comunión espiritual,
llamada también “comunión de deseo”.

El Concilio de Trento nos recuerda que
“se trata de un ardiente deseo de alimentarse con este Pan celestial,
unido a una fe viva que obra por la caridad,
y que nos hace participantes de los frutos y gracias del Sacramento”.

El valor de nuestra comunión espiritual
depende, por tanto, de nuestra fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía,
como fuente de vida, de amor y de unidad,
así como de nuestro deseo de comulgar, a pesar de las circunstancias.

Podemos ahora inclinar la cabeza,
cerrar los ojos y recoger nuestro espíritu.

Pausa en silencio

En lo más profundo de nuestro corazón,
dejemos crecer el ardiente deseo de unirnos a Jesús,
en la comunión sacramental,
y de hacer que su amor se haga vivo en nuestras vidas,
amando a nuestros hermanos y hermanas como Él nos ha amado.

Permanecemos cinco minutos en silencio en un diálogo de corazón a corazón con Jesucristo.
Podemos aclamar o cantar el Aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

Todos juntos mirando hacia la cruz,
piden la bendición del Señor:
La persona que guía la celebración, con las manos juntas,
pronuncia en nombre de todos la fórmula de la bendición:

Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

R/. Amén.

Que el Señor nos mire con agrado
y nos cubra con su amor.

R/. Amén.

Que el Señor nos muestre su favor
y nos conceda la paz.

R/. Amén.

Todos hacen el signo de de la cruz. Los padres podrán trazarlo en la frente de sus hijos.

Es posible concluir la celebración elevando un cántico a la Virgen María.

Regina caeli, laetare, alleluia,
quia quem meruisti portare, alleluia,
resurrexit sicut dixit, alleluia;
ora pro nobis Deum, alleluia.

Reina del cielo, alégrate, aleluya.
Porque aquel a quien mereciste llevar, aleluya,
resucitó según su palabra, aleluya.
Ruega al Señor por nosotros, aleluya.

 

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