Novena al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo

Meditaciones elaboradas por la Conferencia Episcopal de Colombia

Oración Inicial

Oh Dios de infinita bondad que nos has revelado en tu Hijo Jesucristo tus designios de amor, te rogamos que envíes sobre este pueblo tuyo, congregado en la fe, la fuerza y la alegría del Espíritu Santo.

• Que, en estos tiempos difíciles, el fuego del Espíritu encienda en el corazón de la Iglesia la llama de la esperanza.

• Que en esta hora en la que la humanidad siente tan cerca la fuerza del dolor, tu Espíritu Santo nos reavive y nos ilumine.

• Que en estos tiempos en los que muchos han perdido la esperanza, tu Espíritu nos reconstruya, nos renueve, nos haga santos.

• Que en estos días en los que, con María, queremos imitar la Iglesia de los Apóstoles que perseveraba en la oración, tu pueblo reavive la alegría de ser familia, renueve la comunión que nos hace hermanos.

• Que tu Iglesia renovada con los dones del Espíritu, avance por senderos de esperanza, camine con decisión animando el corazón de los que lloran, sane las heridas de los que sufren, restaure la confianza a los decaídos, avive la fe de los que dudan.

Envíanos, Dios fiel, el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, arquitecto de la esperanza, fuente inagotable de vida y de alegría.
Amén.

I Día

Meditación

De la alocución del Papa San Juan Pablo II durante el rezo del Regina Coeli

EL ESPÍRITU SANTO, PLENITUD DEL MISTERIO PASCUAL

La Pascua puede bien llamarse el primer Pentecostés ―"recibid el Espíritu Santo"―, en espera de su efusión pública y solemne, después de cincuenta días, sobre la comunidad primitiva reunida en el Cenáculo. "El Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos" (Rm 8, 11) debe habitar en nosotros y llevarnos a una vida cada vez más conforme a la de Cristo resucitado. Todo el misterio de la salvación es un acontecimiento de amor trinitario, del amor que media, entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo. La Pascua nos introduce en este amor mediante la comunicación del Espíritu Santo, "que es Señor y dador de vida" (Símbolo. Niceno-Constantinopolitano

Súplica

Pidamos que Iglesia del Señor que en estos tiempos de crisis peregrina en la historia avive en este Pentecostés que se acerca la certeza de su fidelidad al amor de Dios, la alegría de confesar la Resurrección de Cristo y la presencia siempre activa y gozosa del Espíritu del Señor, fuente de consuelo, de fortaleza y de esperanza.
Ven, Espíritu Divino y llénanos con la verdad.

Intención

Pidamos la fuerza constante y la acción vivificante del Espíritu Santo para quienes trabajan con empeño y alegría en el anuncio inicial de la fe. Que, unidos con María en el Cenáculo, renovemos nuestra decisión de ser anunciadores de la verdad y de la esperanza.

A modo de gozos

Oh Señor, envía tu Espíritu, que renueve la faz de la tierra.

Ven, Creador, Espíritu amoroso,
ven y visita el alma que a ti clama
y con tu soberana gracia inflama
los pechos que criaste poderoso.

Tú que abogado fiel eres llamado,
del Altísimo don, perenne fuente
de vida eterna, caridad ferviente,
espiritual unción, fuego sagrado.

Tú te infundes al alma en siete dones,
fiel promesa del Padre soberano;
tú eres el dedo de su diestra mano,
tú nos dictas palabras y razones.

Ilustra con tu luz nuestros sentidos,
del corazón ahuyenta la tibieza,
haznos vencer la corporal flaqueza,
con tu eterna virtud fortalecidos.

Por ti, nuestro enemigo desterrado,
gocemos de paz santa duradera,
y, siendo nuestro guía en la carrera,
todo daño evitemos y pecado.

Por ti al eterno Padre conozcamos,
y al Hijo, soberano omnipotente,
y a ti, Espíritu, de ambos procedente
con viva fe y amor siempre creamos. Amén.


Oración final

Oración de San Juan XXIII al Espíritu Santo

Espíritu Santo Paráclito, perfecciona en nosotros la obra iniciada por Jesús; Haz fuerte y continua la plegaria que elevamos en nombre del mundo entero. Acelera para cada uno de nosotros los tiempos de una profunda vida interior.

Da impulso a nuestro apostolado, que quiere llegar a todos los hombres y a todos los pueblos, todos redimidos por la sangre de Cristo y todos herencia suya. Mortifica en nosotros la natural presunción y levántanos a las regiones de la santa humildad, del verdadero temor de Dios, del ánimo generoso. Que ninguna atadura terrena nos impida hacer honor a nuestra vocación. Que ningún interés, por negligencia nuestra, mortifique las exigencias de la justicia.

Que ningún cálculo reduzca los espacios inmensos de la caridad a la estrechez de los pequeños egoísmos. Que todo sea grande en nosotros: la búsqueda y el culto de la verdad, la prontitud por el sacrificio hasta la cruz y la muerte.

Que todo, finalmente, corresponda a la última plegaria del Hijo al Padre celestial, y a esa efusión que, de Ti, Santo Espíritu de Amor, quisieron el Padre y el Hijo sobre la Iglesia y sus instituciones, sobre cada una de las almas y sobre los pueblos.

Amén.

II Día

Meditación

De la alocución del Papa San Juan Pablo II durante el rezo del Regina Coeli

DON DE SABIDURÍA 
El primero y mayor de tales dones es la sabiduría, la cual es luz que se recibe de lo alto: es una participación especial en ese conocimiento misterioso y sumo, que es propio de Dios. En efecto, leemos en la Sagrada Escritura: "Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza" (Sb 7, 7-8).

Esta sabiduría superior es la raíz de un conocimiento nuevo, un conocimiento impregnado por la caridad, gracias al cual el alma adquiere familiaridad, por así decirlo, con las cosas divinas y prueba gusto en ellas. Santo Tomás habla precisamente de "un cierto sabor de Dios" (Summa Theol. II-II, q.45, a. 2, ad. 1), por lo que el verdadero sabio no es simplemente el que sabe las cosas de Dios, sino el que las experimenta y las vive.

Súplica
Roguemos para que el Espíritu infunda en estos tiempos de dolor, la verdadera sabiduría, la que se expresa en la humildad, en la alegría, en la generosidad para acoger las enseñanzas de Dios.

Intención
Pidamos por nuestros Maestros, los de la primera infancia, los que forman la juventud, los que trabajan en nuestras Universidades, en nuestros Colegios, en nuestras Escuelas. Que se llenen de la Sabiduría para que el conocimiento sea también luz para la vida y fuente de humanismo fundado en la fe, para que sean formadores virtuales, es decir, maestros que, con las nuevas posibilidades tecnológicas, ofrezcan las virtudes auténticas a sus discípulos

III Día

Meditación

De la alocución del Papa San Juan Pablo II durante el rezo del Regina Coeli

DON DE ENTENDIMIENTO

El don de la Entendimiento. La palabra "inteligencia" deriva del latín intus legere, que significa "leer dentro", penetrar, comprender a fondo. Mediante este don el Espíritu Santo, que "escruta las profundidades de Dios" (1 Co 2, 10), comunica al creyente una chispa de esa capacidad penetrante que le abre el corazón a la gozosa percepción del designio amoroso de Dios. Se renueva entonces la experiencia de los discípulos de Emaús, los cuales, tras haber reconocido al Resucitado en la fracción del pan, se decían uno a otro; "¿No ardía nuestro corazón mientras hablaba con nosotros en el camino, explicándonos las Escrituras?" (Lc 24, 32).

Invoquémoslo por intercesión de María Santísima, la Virgen de la Escucha, que a la luz del Espíritu supo escrutar sin cansarse el sentido profundo de los misterios realizados en Ella por el Todopoderoso (cf. Lc 2, 19 y 51). La contemplación de las maravillas de Dios será también en nosotros fuente de alegría inagotable: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador" (Lc 1, 46 s.).

Súplica
Danos, Dios de la vida, la Inteligencia necesaria y suficiente para encontrar los caminos que nos lleven, como Iglesia particular, a leer tu presencia en los signos de nuestra historia, para asumir el reto de una humanidad doliente con inteligencia modelada en los valores cristianos.

Intención
Pidamos con fe el don de la Inteligencia para los hijos de esta Iglesia nuestra en medio de estos tiempos de dolor e incertidumbre para que puedan vislumbrar los caminos que nos lleven a hacer creíble el Evangelio de la vida y de la paz.

IV Día

Meditación

De la alocución del Papa San Juan Pablo II durante el rezo del Regina Coeli

DON DE CIENCIA

Meditamos hoy el don de ciencia, gracias al cual se nos da a conocer el verdadero valor de las criaturas en su relación con el Creador.

Sabemos que el hombre contemporáneo, precisamente en virtud del desarrollo de las ciencias, está expuesto particularmente a la tentación de dar una interpretación naturalista del mundo; ante la multiforme riqueza de las cosas, de su complejidad, variedad y belleza, corre el riesgo de absolutizarlas y casi de divinizarlas hasta hacer de ellas el fin supremo de su misma vida.


Esto ocurre sobre todo cuando se trata de las riquezas, del placer, del poder que precisamente se pueden derivar de las cosas materiales. Estos son los ídolos principales, ante los que el mundo se postra demasiado a menudo. Para resistir esa tentación sutil y para remediar las consecuencias nefastas a las que puede llevar he aquí que el Espíritu Santo socorre al hombre con el don de ciencia.

Súplica
Que venga sobre nosotros el don de la Ciencia y que inspirados por este regalo de Dios sepamos contemplar la creación entera como el espacio en el que el Hombre realiza su vida según el designio de Dios, que aprendamos a leer en la obra de Dios su voluntad de amor, que dejemos que la luz del Espíritu anime las búsquedas de la verdad y de la bondad en medio de la realidad que vivimos.

Intención
Pidamos la luz del Espíritu Santo para tantos creyentes que defienden la vida, la dignidad de la familia y la santidad de la existencia humana de modo que puedan proponer con libertad la voluntad de Dios sobre toda existencia humana.

V Día

Meditación

De la alocución del Papa San Juan Pablo II durante el rezo del Regina Coeli

DON DE CONSEJO

Hoy tomamos en consideración el don de consejo. Se da al cristiano para iluminar la conciencia en las opciones morales que la vida diaria le impone.

Una necesidad que se siente mucho en nuestro tiempo, turbado por no pocos motivos de crisis y por una incertidumbre difundida acerca de los verdaderos valores, es la que se denomina "reconstrucción de las conciencias". Es decir, se advierte la necesidad de neutralizar algunos factores destructivos que fácilmente se insinúan en el espíritu humano, cuando está agitado por las pasiones, y la de introducir en ellas elementos sanos y positivos. En este empeño de recuperación moral la Iglesia debe estar y está en primera línea: de aquí la invocación que brota del corazón de sus miembros ―de todos nosotros― para obtener ante todo la ayuda de una luz de lo Alto. El Espíritu de Dios sale al encuentro de esta súplica mediante el don de consejo, con el cual enriquece y perfecciona la virtud de la prudencia y guía al alma desde dentro, iluminándola sobre lo que debe hacer, especialmente cuando se trata de opciones importantes (por ejemplo, de dar respuesta a la vocación), o de un camino que recorrer entre dificultades y obstáculos.

Súplica
Danos, Señor, la alegría de escuchar la voz de nuestra conciencia iluminada por tu gracia, para actuar conforme a tu voluntad, haz que aprendamos a leer tu voluntad en los acontecimientos de nuestra vida y a hacer de ella luz para nuestros pasos.

Intención
Pidamos el don de consejo para quienes nos presiden y acompañan en la fe, de modo que podamos ser guiados según la voluntad de Dios. Que nuestros pastores, fortalecidos con este don de tu amor sean aliento para la esperanza de todos.

VI Día

Meditación

De la Catequesis sobre el Credo del Papa San Juan Pablo II

DON DE FORTALEZA
En nuestro tiempo muchos exaltan la fuerza física, llegando incluso a aprobar las manifestaciones extremas de la violencia. En realidad, el hombre cada día experimenta la propia debilidad, especialmente en el campo espiritual y moral, cediendo a los impulsos de las pasiones internas y a las presiones que sobre él ejerce el ambiente circundante.

Precisamente para resistir a estas múltiples instigaciones es necesaria la virtud de la fortaleza, que es una de las cuatro virtudes cardinales sobre las que se apoya todo el edificio de la vida moral: la fortaleza es la virtud de quien no se aviene a componendas en el cumplimiento del propio deber.

Cuando experimentamos, como Jesús en Getsemaní, "la debilidad de la carne" (cf. Mt 26, 41; Mc 14, 38), es decir, de la naturaleza humana sometida a las enfermedades físicas y psíquicas, tenemos que invocar del Espíritu Santo el don de la fortaleza para permanecer firmes y decididos en el camino del bien. Entonces podremos repetir con San Pablo: "Me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte" (2 Co 12, 10).

Súplica
En estos días de desesperanza, danos, Dios de la vida, la verdadera fortaleza que nos permita ofrecer apoyo y confianza a cuantos se sienten débiles, tristes, marginados, para que puedan sentir tu gracia a través de la misericordia de tu Iglesia.

Intención
Que el Espíritu Santo llene con el don de fortaleza a cuantos trabajan en las instituciones de caridad y de misericordia para que siempre puedan ofrecer a todos la alegría renovadora del amor de Dios.

VII Día

Meditación

De la alocución del Papa San Juan Pablo II durante la Catequesis sobre el Credo

DON DE PIEDAD

Mediante este don, el Espíritu sana nuestro corazón de todo tipo de dureza y lo abre a la ternura para con Dios y para con los hermanos.
La ternura, como actitud sinceramente filial para con Dios, se expresa en la oración. La experiencia de la propia pobreza existencial, del vació que las cosas terrenas dejan en el alma, suscita en el hombre la necesidad de recurrir a Dios para obtener gracia, ayuda y perdón. El don de la piedad orienta y alimenta dicha exigencia, enriqueciéndola con sentimientos de profunda confianza para con Dios, experimentado como Padre providente y bueno

La ternura, como apertura auténticamente fraterna hacia el prójimo, se manifiesta en la mansedumbre. Con el don de la piedad el Espíritu infunde en el creyente una nueva capacidad de amor hacia los hermanos, haciendo su Corazón de alguna manera participe de la misma mansedumbre del Corazón de Cristo.
El don de la piedad, además, extingue en el corazón aquellos focos de tensión y de división como son la amargura, la cólera, la impaciencia, y lo alimenta con sentimientos de comprensión, de tolerancia, de perdón. Dicho don está, por tanto, en la raíz de aquella nueva comunidad humana, que se fundamenta en la civilización del amor.

Súplica

Dios de la vida, concédenos el don de la Piedad para que podamos acudir en ayuda de nuestros hermanos con la misma alegría con la que te honramos y te celebramos glorificando tu nombre.
Intención

Pidamos el don de la piedad para todos los que en esta Iglesia queremos seguir alabando a Dios con un culto reverente y queremos mostrar su rostro amoroso y su compasión renovadora a todos los que sufren.

VIII Día

Meditación

De la Catequesis sobre el Credo del Papa San Juan Pablo II

DON DE TEMOR DE DIOS
La Sagrada Escritura afirma que "Principio del saber, es el temor de Yahveh" (Sal 110/111, 10; Pr 1, 7). ¿Pero de que temor se trata? No ciertamente de ese «miedo de Dios» que impulsa a evitar pensar o acordarse de Él, como de algo que turba e inquieta. Ese fue el estado de ánimo que, según la Biblia, impulsó a nuestros progenitores, después del pecado, a «ocultarse de la vista de Yahveh Dios por entre los árboles del jardín» (Gen 3, 8); este fue también el sentimiento del siervo infiel y malvado de la parábola evangélica, que escondió bajo tierra el talento recibido (cfr Mt 25, 18. 26).

Aquí se trata de algo mucho más noble y sublime: es el sentimiento sincero y trémulo que el hombre experimenta frente a la tremenda majestad de Dios, especialmente cuando reflexiona sobre las propias infidelidades y sobre el peligro de ser «encontrado falto de peso» (Dn 5, 27) en el juicio eterno, del que nadie puede escapar.

Invoquémoslo por intercesión de María que, al anuncio del mensaje celeste no se conturbó» (Lc 1, 29) y, aun trepidante por la inaudita responsabilidad que se le confiaba, supo pronunciar el fiat» de la fe, de la obediencia y del amor.

Súplica
Danos Señor la alegría de servirte con corazón libre y gozoso y ayúdanos a buscar siempre tu gloria, haz que te sirvamos sin temor y con alegría

Intención

Pidamos para que nuestra Iglesia sea siempre gozosamente fiel a Dios, que tengamos temor de ofenderlo, que busquemos siempre su gloria en la confianza y en la esperanza.

IX Día

Meditación

De la Catequesis sobre el Credo del Papa San Juan Pablo II

MARÍA Y EL ESPÍRITU SANTO
En los Hechos María aparece como una de las personas que participan, en
calidad de miembro de la primera comunidad de la Iglesia naciente, en la preparación para Pentecostés. Sobre la base del Evangelio de Lucas y otros textos del Nuevo Testamento, se formó una tradición cristiana acerca de la presencia de María en la Iglesia, que el Concilio Vaticano II ha resumido afirmando que Ella es un miembro excelentísimo y enteramente singular (cf. Lumen gentium, 53) por ser Madre de Cristo, Hombre-Dios, y por consiguiente Madre de Dios.


Es verdad que Ella misma es ya “templo del Espíritu Santo” (Lumen gentium,
53) por su plenitud de gracia y su maternidad divina, pero Ella participa en las súplicas por la venida del Paráclito a fin de que con su poder suscite en la comunidad apostólica el impulso hacia la misión que Jesucristo, al venir al mundo, recibió del Padre (cf. Jn 5, 36), y, al volver al Padre, transmitió a la Iglesia (cf. Jn 17, 18). María, desde el inicio, está unida a la Iglesia, como uno de los “discípulos” de su Hijo, pero al mismo tiempo destaca en todos los tiempos como “tipo y ejemplar acabadísimo de la misma (Iglesia) en la fe y en la caridad” (Lumen gentium, 53).

Súplica

Concede Señor a tu Iglesia la perseverancia en la Oración, para que junto con María, Madre y modelo de obediencia y fidelidad, permanezca atenta a la voz y a la enseñanza del Espíritu y pueda vivir la alegría de la obediencia y el gozo de servir a todos con esperanza.

Intención

Pidamos para que nuestra Iglesia sea maestra de oración y de vida, y en comunión de fe, Pastores y Rebaño, puedan ofrecer al mundo un testimonio de gozosa esperanza al anunciar

 

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