Lección No.6 Nivel Literario II

 

 

 

“De muchos modos y de muchas maneras, habló Dios en el pasado a nuestros padres”
Hb 1,1

EL ANTIGUO TESTAMENTO COMO LITERATURA

 

El AT como literatura. Siendo el género literario un procedimiento de expresión propio de los hombres de una determinada época y un determinado país o entorno cultural para manifestar sus pensamientos y sentimientos que pueden ser orales o escritos, el AT se distingue por utilizar una gran serie de estos géneros que a continuación se comentarán.

La selección de los libros del Antiguo Testamento. Muchos de los libros anteriores a la presencia de Jesús se perdieron y otros quedaron excluidos de la lista oficial de los textos del Antiguo Testamento. ¿Quiénes estuvieron detrás de esta selección? En esta tarea estuvieron ante todos dos grupos:

Los judíos. La tarea de selección de los libros comienza prácticamente con la presencia de Esdras y Nehemías para quienes inicialmente la ley juega un papel muy importante. Una vez aceptados los libros del Pentateuco comienzan a aceptarse otros libros que tienen mucha relación con la propia identidad del pueblo. Aparece entonces la versión griega de los setenta que recoge no solo la ley sino muchos otros escritos de la época. Esta aparición crea muchas discusiones sobre cuáles libros entonces son inspirados por Dios. Está muy difundida la idea de que los judíos definieron su canon en el “sínodo de Yamnia” aproximadamente unos veinte año después de la caída de Jerusalén a manos de los romanos.

Los cristianos. Si se presentaron discusiones en el pueblo judío mucho más se dieron entre los cristianos, algunos de los cuales aceptan solo el canon judío, otros por el contrario aceptan otros libros por considerarse coherentes y apropiados para la piedad y la teología de la fe cristiana. Es el Concilio de Trento, siglo XVI, que define solemnemente la lista amplia de los libros debido entre otras razones al uso que la Iglesia había hecho de ellos.

Los judíos no aceptan de la lista católica los libros de Eclesiástico, Sabiduría, Baruc, Judit, Tobías, 1 y 2 de Macabeos, secciones griegas de Esther y Daniel, los cuales fueron aceptados por la fe católica en momentos posteriores a las aceptaciones que tuvieron en el canon judío.

Clasificación de los libros del Antiguo Testamento. Esta producción se divide de dos maneras diferentes de acuerdo con el canon:

Los judíos la dividen en tres grandes bloques:

• Torá: que significa ley, comprende los cinco primeros libros de la Biblia.

• Nebiim: que significa profetas, se divide en dos grupos: el de los profetas anteriores (Josué, Jueces, Samuel, Reyes) y los posteriores (Isaías, Jeremías, Ezequiel, y los doce profetas menores).

• Ketubim: que significa escritos. Es una especie de “cajón de sastre” en el que se incluyen las restantes obras (Salmos, Proverbios, Rut, Cantar, Job, Eclesiastés, Lamentaciones, Ester, Daniel, Esdras, Nehemías y los dos libros de las crónicas.

Para los católicos esta división ofrece algunos problemas al no abarcar a los deuterocanonicos, además mientras las dos primeras partes son bastantes homogeneas, la tercera parte resulta ser un poco una amalgama de escritos. Por eso para los católicos resulta un poco más práctica una división que tenga en cuenta los géneros literarios.

Esta división es la que tiene más aceptación en la actualidad:

• Pentateuco: que equivale a la tora judía.

• Historia: Josué, Jueces, I Samuel, I Samuel, I Reyes, II Reyes, I Crónicas, II Crónicas, Esdras, Nehemías, I Macabeos, II Macabeos

• Narraciones: Rut, Tobías, Judit, Ester.

• Profetas: Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahún, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías.

• Poesía: Salmos, Cantar y Lamentaciones.

• Sapienciales: Job, Salmos Proverbios Eclesiastés Eclesiástico y Sabiduría.

 

EL PENTATEUCO

En el conjunto de los cinco primeros libros bíblicos del Pentateuco se encuentra el género “Torá o Ley” que comprende la historia del pacto ofrecido por Dios a su pueblo y la respuesta de éste en el compromiso de cumplir la Ley. También se encuentra presente la narrativa histórica que aunque encierra muy diversas formas literarias, es un relato preferentemente en prosa, que intenta reflejar a base de recuerdos antiquísimas tradiciones la historia del pueblo de Israel y de sus relaciones con Dios.

Dentro de este género se distinguen cuatro grandes tipos de narrativa histórica: el relato Yahvista (J); Elohista (E); Deuteronomista (D) y Sacerdotal (P). Cada una de estas tradiciones se estudiara más adelante en el otro apartado de nuestra sobre el Pentateuco. 

LOS LIBROS HISTÓRICOS

En el canon griego y latino se llaman libros históricos por antonomasia a los que la Biblia hebraica clasifica entre los proféticos (Josué, Jueces, Samuel, Reyes), los hagiógrafos (Rut, Ester 1, 1- 10, 4 Esdras-Nehemías, Crónicas) y los deuterocanónicos (Tobit, Judit, Ester 10, 4-16, 24, Macabeos). En ellos se narra la historia de Israel desde la conquista de Canaán (sobre el 1180 a.C.) hasta Juan Hircano (135-104 a.C.).

Esta historia es esquemática, parcial, selectiva, escrita con métodos históricos deficientes, comparados con los de la historiografía moderna, y, sin embargo, es superior a la de los otros pueblos orientales. Se trata de una historia santa, tal como Israel la vio y vivió, presentada a base de hechos en función de una tesis religiosa. Más que una historia de Israel es la del progreso de la revelación y de las relaciones de Dios para con el pueblo escogido, que preparan la salvación mesiánica. Enjuiciada globalmente y en su intencionalidad general aparece su carácter didáctico, pedagógico y figurativo. Cooperaron en su elaboración la fe, la tradición, la idea de la alianza (Gén 17, 9; Dt 9, 26; 29, 11-12) y la reflexión teológica de todo un pueblo o de un sector escogido del mismo, del cual los hagiógrafos son portavoces. Dicha reflexión enjuiciaba el presente momento histórico-religioso a la luz de un pasado glorioso, el cual, aunque desfigurado por la infidelidad de Israel a lo pactado (Is 1, 4), resurgirá en un futuro más o menos próximo por la conversión total de un resto al Dios fuerte (Is 10, 21) y misericordioso, siempre fiel a su promesa (Ez 16, 8; Jer 25, 5; Os 14, 2-9). De ahí el optimismo y la esperanza de un futuro mejor que rezuman en esta historia.

La historia de Israel la componen cuatro tradiciones:

Historia Cronista. Hacia finales del periodo persa o comienzos de la dominación griega (s. IV a.C.) se lleva a cabo en Jerusalén la composición de una voluminosa obra de síntesis histórica, que va desde Adán hasta la restauración postexílica de Esdras y Nehemías donde se trata con bastante amplitud la época monárquica y la restauración que sigue al exilio.

Este autor ha tenido otras fuentes anteriores como son la fuente deuteronomista, las memorias de Esdras y Nehemías, como también a fuentes extrabíblicas como el edicto de repatriación.

Historia Deuteronomista. Los seis libros que van desde Josué hasta el segundo libro de los reyes, forman una sola obra, escrita por varios autores pertenecientes a la escuela deuteronomista, porque en ella nació el Deuteronomio.

Fecha. Probablemente fue escrita durante el periodo del exilio y una última redacción ocurrió hacia el 550 a.C.

Historias ejemplares. Corresponde a los libros de la última generación escritos bajo la dominación griega. Lo que se valora de estos libros es que de manera independiente cada libro corresponde a una división posterior. En este sentido lo que el autor prentende es dejar una enseñanza.

Historia helénica. Esta parte de la historia corresponde al periodo de los macabeos y la persecución, en la que se pretende instruir al pueblo para que después de vivir la persecución se vea fortalecido para así no morir.

Los historiadores sagrados, hijos de la comunidad hebraica, asumieron la tarea de señalar las raíces de esta fe optimista que aparece en las antiguas tradiciones populares, en escritos preexistentes, en los anales que la nación conservaba celosamente en sus archivos, en las mismas listas genealógicas, incluso en libros de autores paganos, o en el mismo curso de los acontecimientos de la historia universal, cuyos hilos mueve Dios en vistas a la consecución de sus designios de salvación mesiánica.

A1 escribir la historia religiosa de su pueblo cada uno de los autores dejó en su libro huellas de su personalidad, que se manifiesta en el enfoque diverso del pasado histórico, en la peculiar proyección hacia el futuro y en los métodos históricos propios de cada uno de los autores y de los tiempos y ambientes en que ellos se desenvolvieron.

Unos emplean un género histórico parecido al de la historiografía moderna (Saco, Re, 1 Mac), otros un género histórico profético ( Jos), o anecdótico-didáctico ( Jue), o midrásico (Par, Esd-Neh), o patético-oratorio (22 Mac), o popular (Rut), o novelesco (Tob, Jdt, Est).

Estos libros transmiten en forma narrativa el mensaje divino en las diversas etapas de la «prehistoria de la Iglesia», con la cual Dios un día había de establecer una alianza perfecta y definitiva ( Jer, 31, 31-34; Heb 8, 6-13 ) mediante la sangre de la Cruz (Heb 9, 15-28), y a la cual habían de pasar en herencia los privilegios de Israel (1 Pe 2, 9; Ap 5, 9-10). Su autor principal, Dios, y los autores humanos tienden primariamente a robustecer la fe y la esperanza de sus actuales o futuros lectores.

 LA SABIDURIA EN LA BIBLIA: PROVERBIOS, JOB, ECLESIASTÉS, ECLESIÁSTICO, SABIDURÍA

1. Origen y fuentes de los libros sapienciales: Como en todos los pueblos, también Israel, junto a los grandes temas de la historia de salvación, el culto, la alianza, la ley...desarrolla esa riqueza de sabiduría popular de buena conducta, costumbres, reglas del buen vivir que hacían parte de la literatura del pueblo, transmitida de padres a hijos en la familia y enriquecida por la sabiduría de los pueblos vecinos, como Egipto, Mesopotamia y Canaán.

Junto a esta sabiduría popular estaba la educación y las reglas de conducta en la corte real, el arte del buen gobernar.

Estas dos corrientes literarias: los refranes populares y las normas de conducta del buen gobierno, fueron las fuentes principales para el nacimiento de los libros sapienciales bíblicos.

2. Temas de los libros sapienciales: Después del destierro, cuando los sabios y el pueblo reflexionan sobre su historia, surgen los grandes temas de Job o Eclesiastés, en que el hombre se pone frente a los problemas de la vida, de la muerte, del sufrimiento de los buenos, la retribución del bien y el castigo para el mal, y busca dar un significado y una respuesta desde la fe en Dios.

3. Fin de los libros sapienciales: Los libros sapienciales son una profunda reflexión del hombre que iluminado por la fe en Dios, trata de dar una respuesta a todos los problemas de la vida humana: amor, dolor, muerte, gobierno, etc.

4. Autores de los libros sapienciales: Salomón fue siempre para Israel el sabio por excelencia y por eso la mayoría de estos libros fueron atribuidos a Él. Pero sólo las dos colecciones de Proverbios, capítulos 10-22 y 25-29 pueden atribuirse al período de la Monarquía. El resto de libros sapienciales son de la época después del destierro (538 a.C), obra de varios sabios que recopilaron las varias colecciones de sabiduría cortesana y popular, añadiendo de lo propio, y las atribuyeron a Salomón para dar a sus libros mayor autoridad y para asegurar que eran inspirados por Dios.

5. Los sabios: eran personas que viven y enseñan normas de conducta para bien vivir, y se cuestionan sobre los problemas que asechan la vida del hombre. En la corte eran los sabios quienes aconsejaban sobre el buen gobierno. Después del destierro, cuando desaparecieron los profetas, la dirección espiritual del pueblo corría a cargo de estos sabios.

6. La sabiduría: el concepto de sabiduría fue poco a poco purificándose con los años. En un inicio, sabio era quien tuviera oficio fijo75 ; el consejero del rey76 , la anciana astuta77 . Pero más tarde, sabio era quien cumplía con la religión78 . Sabio también era el que tenía destreza o habilidad manual79 , el que sabía interpretar los sueños 80, el que sabía salir de apuros 81, el que sabía gobernar y administrar82 o el que tenía ciencia83 . Por tanto, podemos resumir el concepto de sabio como aquel que posee saber teórico y saber práctico. Teórico, porque conoce la Sabiduría y la enseña; práctico, porque la vive con rectitud moral y virtud.

7. Género literario sapiencial: todos estos libros usan dos géneros literarios: el proverbio y la poesía. Así es más fácil memorizar. El proverbio o refrán es una fórmula sencilla, compuesta frecuentemente de dos versículos, con un paralelismo de ideas o de palabras

LIBROS POÉTICOS: SALMOS, CANTAR DE LOS CANTARES, LAMENTACIONES

No podemos caminar en la vida sin oración, sin amor y sin dolor. La oración da a la vida el oxígeno; el amor, el motivo para seguir caminando; y el dolor, acrisola el amor y nos lanza a la oración.

No podían faltar estos libros poéticos en la Biblia, pues Dios es Belleza y Poesía. ¿Quién más hermoso que Dios? Él es el autor y creador de toda belleza esparcida en el mundo. Cada belleza que vemos nos debería llevar a elevar el pensamiento a Dios y a orar. Al mismo tiempo, cada belleza que vemos deberíamos amarla en Dios y por Dios. Y finalmente, muchas de esas bellezas nos causarán sufrimiento, que es la prueba del verdadero amor.

EL NUEVO TESTAMENTO COMO LITERATURA
 

Al introducir la lectura del texto del Nuevo Testamento al panorama literario, habiendo pasado ya por el histórico, es necesario iniciar definiendo y a la vez dejando en claro, la problemática literaria como también la riqueza que allí se encuentra.

EL NUEVO TESTAMENTO COMO LITERATURA

Durante la historia se han presentado dificultades al hablar del Nuevo Testamento como Literatura, en ocasiones no se admite esto. Por eso, es necesario analizar ¿qué hace que el escrito sea o no literario? Para esto es necesario observar algunas condiciones generales para el estudio del Nuevo Testamento.

Según Brioschi - Di Gilrolamo se encuentran cuatro condiciones generales:

• El texto está sometido a ser usado de nuevo en la comunidad.
• El “terreno” (es decir, el contenido) del texto coincide en primera instancia con la experiencia a la que él mismo da forma a la lectura.
• Lo que hace insustituible, su referencia al plano de la ejemplaridad, con lo que, por una parte, no puede ser sustituido por paráfrasis, comentarios, etc. y, por fracciones; está sin embargo abierto a infinitas interpretaciones o ejemplificaciones; en resumen, es un texto abierto.
• La asimetría entre los interlocutores se determina en presencia de un público como responsable del texto con autoridad superior.

Al aplicar un poco estas cuatros condiciones a los textos del Nuevo Testamento, se puede decir que, la más evidente resulta ser su nuevo empleo, no solo como texto literario, sino como texto sagrado. Aunque confiado a una comunidad histórica: la Iglesia, está destinado sin embargo a todos los hombres (literatura universal).

Las otras tres condiciones se cumplen maravillosamente en la literata neotestamentaria: los Textos del Nuevo Testamento son expresiones de una experiencia concreta; por eso mismo hace referencia al plano simbólico de la ejemplaridad, aun cuando en algunos casos los modelos no se deriven de una experiencia humana universal, sino de una experiencia histórica única. Finalmente, los textos del Nuevo Testamento son claramente asimétricos ya que se presentan al lector con una autoridad propia, incluso divina par al creyente. Por consiguiente, los escritos del Nuevo Testamento pueden ser contados con toda razón entre las obras literarias.

Naturalmente, la literatura del Nuevo Testamento tiene que leerse, ya no en el marco general, sino en el cuadro más particular de la literatura de su tiempo. Ahora, la del Nuevo Testamento es un género particular de literatura religiosa, que refleja un mundo espiritual totalmente singular. Para los cristianos, es también una literatura sagrada: revelación histórica de Dios, entregada a la mediación de los Libros del Nuevo Testamento. En la tradición católica se empezó a tomar conciencia de la Biblia como literatura a partir de la encíclica Divino afflante Spiritu (1943) de Pío XII sobre los géneros literarios. El género literario, como es obvio, procede de un juicio literario; Pero esta perspectiva en el estudio de la Biblia está todavía lejos de haber sido asumida en todas sus consecuencias. He ahí los problemas que se plantean en el Nuevo Testamento con relación a la literatura.

EL PROBLEMA DE LA LITERATURA DEL NUEVO TESTAMENTO

Una historia de la literatura del Nuevo Testamento que quiera considerar seriamente el Nuevo Testamento como literatura se encuentra hoy con varios problemas.

En primer lugar, en las grandes introducciones al Nuevo Testamento sigue prevaleciendo todavía el positivismo histórico - literario; en efecto, estos textos son monumentos de eruditos y de ciencia histórica - crítica, para esto se propone introducirnos a la coordenada propiamente literaria y sincrónica.

El segundo problema general es el de la cronología de los escritos del Nuevo Testamento. Resulta desconcertante la seguridad con que se ponen fechas concretas, muchas veces sin razones críticas objetivas. Por consiguiente, vale la pena proponer desde el principio, para la datación, unos cuantos criterios objetivos: 1. Acontecimientos extremos fechados a los que remite la obra; 2. Eventual dependencia de la obra respecto a otros textos fechados; 3. Testimonios externos coherentes y plausibles sobre la fecha. Este tercer criterio ha sido demasiadas veces, no solamente preterido, sino injustamente infravalorado.

Un tercer problema sería la autenticidad de los escritos. El problema cronológico y el de la autenticidad están vinculados entre sí. En el campo científico no hay nada adquirido para siempre, si no se está convencidamente demostrado. Se puede hacer uso de cualquier hipótesis, pero recordando la naturaleza precaria de la misma.

LA LITERATURA DEL NUEVO TESTAMENTO.

La literatura del Nuevo Testamento se encuentra más cerca de la literatura judeo - helenista. Es así como este Testamento guarda afinidad con algunas formas literarias más que con géneros literarios del momento circundante.

 

La Literatura sinóptica y Hechos.

Evangelio y Evangelios. La Palabra Evangelio (buena nueva) la conocían los autores profanos, indicaba el anuncio de una victoria o los grandes sucesos de la vida del emperador.

Al principio sólo se conocía el evangelio como la Buena Nueva que proclama Jesús: la venida del Reino de Dios, la felicidad ofrecida a los pobres. En este sentido es como la utiliza también Pablo en sus cartas.

Marcos, inventor de este género literario que no tiene ninguna correspondencia en las demás literaturas, se convierte en un texto, en una historia: el relato de la actividad de Jesús, quien hasta entonces, era el que proclamaba la buena Nueva; ahora, es él proclamado, él mismo se convierte en Buena Nueva.

Pero Marcos no habla de Jesús en el pasado: es curioso constatar que utiliza poco el tiempo pasado, habla en presente. No se trata de su falta de experiencia literaria, sino más bien de su convicción teológica: el Jesús que presenta en su texto continúa estando en su comunidad, vivo sobretodo en la Eucaristía. Para él hacer memoria de Jesús es decir al mismo tiempo que está ausente y presente en el hoy de la comunidad que cree y celebra. El Jesús de la Historia sigue viviendo, bajo la forma de la Palabra Escrita y proclamada, en el Cristo vivo en quien cree la comunidad.

El problema sinóptico. Una sinopsis es un libro que presenta los Evangelios en columnas, de manera que puedan ver de una sola ojeada los textos correlativos. Los tres primeros Evangelios se parecen lo suficiente para que puedan colocarse de este modo; por eso se le llaman Evangelios Sinópticos a Mateo, Marcos y Lucas.

Este parecido ha suscitado una cuestión: ¿no se apoyarán todos ellos en una o varias fuentes escritas? Hace siglos los especialistas han propuesto soluciones, a veces muy complicada y siempre hipotéticas. Simplificando todo lo posible, se pude decir esto: es como si los redactores hubieran tenido dos carpetas de documentos; a una de ellas tuvieron acceso los tres evangelistas, mientras que a la otra solo pudieron acudir Mateo y Lucas. Se puede dibujar así:

Es difícil decir si Mateo y Lucas tuvieron acceso directamente a la carpeta o si la conocieron solamente a través de Marcos. En todo caso, se admite que Mateo y Lucas conocieron a Marcos, pero que son independientemente entre sí. Mateo y Lucas trataron de manera distinta lo que encontraron en la segunda carpeta: Mateo espolvoreó con ellos todo su Evangelio; Lucas prefirió insertarlo en la trama que había recibido de Marcos bajo la forma de los grandes incisos.

Mateo y Lucas tienen igualmente algunos textos que le son propios y exclusivos. Marcos tiene más bien pocos.

Los Evangelios de Marcos y de Mateo y la obra histórica de Lucas son libros que llevan la marca de sus autores en el sentido, en la estructura y en la captación a su ambiente y a sus primeros lectores. Pero su contenido proviene sustancialmente de la tradición: de la del Jesús histórico y de la Kerigmática de la Iglesia de los orígenes. No cabe duda que hay mucho del kerigma primitivo contenido en el discurso de los Hechos, aun cuando haya sido redactado por Lucas.

Se trata de obras Literarias más singulares por su género literario, por su origen, por su destino y su finalidad. El Evangelio es un género literario singular, lo mismo que es singular el acontecimiento que narra: el contenido nuevo crea también un lenguaje nuevo, nuevas formas literarias y nuevo género literario. No es ciertamente extraño a las formas literarias del ambiente cultural en que nace; pero las formas literarias que asume, las asume de un modo nuevo y las renueva, basta con pasar las parábolas de Jesús.

Los Evangelios forman parte de los hechos que tienen un origen singular; a pesar de ser obras de autores verdaderos y propios, utilizan formas que circulaban en la comunidad cristiana a la que pertenecían; no buscan fuentes externas para la confrontación crítica, como podría ser un historiador. Por consiguiente, los evangelios componen e interpretan ciertas fuentes que proceden de testigos oculares.

Por esta singularidad del genero literario, de origen, de finalidad, y de destinatarios no impide que los evangelios sinópticos y los hechos entren en un mundo de la cultura y de la literatura universal como obras de carácter religioso y puedan por tanto ser leídas y estudiadas por los no creyentes. Incluso, porque cuando la Iglesia estaba constituida por una minoría, se consideraba que el mensaje era para todas las naciones (Mt 28, 20). El acontecimiento de salvación que narra ésta tiene que llegar, por voluntad del Señor resucitado, “hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).

 

La literatura Epistolar paulina y apostólica

Cuando se habla de Cartas en el Nuevo Testamento no solo se refiere a la literatura Paulina, sino que también se busca acoger las cartas apostólicas. Se dice ordinariamente que las cartas del Nuevo Testamento son escritos ocasionales, pero esta calificación no debe entenderse en el sentido peyorativo de la palabra, como si hubieran sido escri¬tas de forma improvisada y apresuradamente. Son «ocasionales» en el sentido en que la mayor parte de las mismas fueron escritas para responder a unos problemas concretos que habían surgido en una comunidad o en una región, o bien para compartir con otra comu¬nidad la propia reflexión sobre el Evangelio como ayuda para el crecimiento en la fe y, a veces, como benévola presentación en fun¬ción de un favor que se solicitaba (Cf. Rom, 2; Cor, Flm), o bien, finalmente, como agradecimiento por una generosa ayuda ya recibi¬da.

Se puede afirmar que son cartas no solamente pensadas, sino también expresa¬das en una forma estudiada, compuestas a menudo según una es¬tructura concreta, que es posible poner de manifiesto con el análisis estructural.

Pablo es desde luego un escritor de primer plano, el mejor escritor del Nuevo Testamento, pero no en el senti¬do del respeto formal de la gramática y de la sintaxis, sino más bien en el sentido de un estilo altamente personal y participado. En sus escritos se percibe cómo Pablo conocía bien el griego, así como los elementos de la retórica. Por consiguiente, debió haber asistido a la escuela de Tarso, para pasar luego a la escuela rabínica de Jerusalén. La lengua y el estilo del apóstol están completamente al servicio del mensaje que intenta transmitir; él se siente una sola cosa con su «Evangelio» y con el esfuerzo por transmitirlo íntegramente y sin ningún compromiso.

Las cartas no paulinas están escritas todas ellas en un lenguaje griego mejor que el de Pablo, aunque no consiguen al¬canzar nunca la participación personal y la originalidad de este apóstol. Si es de Pablo, la carta en que él desaparece detrás de su doctrina, es la llamada carta a los Efesios. De las cartas no paulinas, la que de-muestra un conjunto de mayor belleza por su lenguaje, su estilo y su composición es la carta a los Hebreos.

El epistolario del Nuevo Testamento es único en su género. Los paralelismos que a veces se aducen, como la carta de Plinio el Joven para interceder por un esclavo fugitivo, no hacen sino poner más de relieve su superioridad y la novedad de contenido y de participa¬ción personal.

 

La literatura joánica

En los últimos estudios del Nuevo Testamento, la literatura joánica, comprende de ordinario el cuarto Evangelio, las tres cartas de Juan y el Apocalipsis. Se trata de cinco escritos que pertenecen al menos a tres géneros literario distintos. Evangelio, Cartas y Apocalipsis. Son tres las razones fundamentales para tomar este grupo de libros con sus géneros en una sola colección. En primer lugar, el vocabulario teológico singular, que es común solamente a estos cinco libros; por ejemplo, se encuentra el logos referido a la persona de Jesús en el cuarto Evangelio (Jn 1,1.14), en la 1 carta de Juan 1,1 y en el Apocalipsis: “el logos de Dios” (Ap 19,13), y en ningún otro escrito del Nuevo Testamento; el segundo elemento común a los cincos escritos es el fondo litúrgico, que fuertemente presenta sobre todo en el Evangelio (las festividades judías reinterpretadas, la liturgia del templo, los sacramentos) y en el Apocalipsis se encuentra un amplio marco litúrgico de himnos, y algo menos en las cartas; y el tercer elemento común es el ambiente vital, es decir, una misma comunidad con problemas parecidos, de dos géneros distintos: las persecuciones de la sinagoga por fuera (Jn 16, 1-4; Ap 2, 9; 3, 9) y el ataque de las herejías por dentro de la misma comunidad (1 -2 Jn; Ap 2,14-15 .20. 24; y quizás también implícitamente en el cuarto Evangelio).

Como ya se ha afirmado, la literatura joánica es, entre los escritos del Nuevo Testamen¬to, la más variada en el género (evangelio, cartas, Apocalipsis), en la forma y también en los contenidos; al mismo tiempo es la más unitaria en su desarrollo, en cuanto que refleja un mismo ambiente eclesial; aunque varía el ambiente cultural y vital para el evangelio, pasando de la tradición a la redacción primera y segunda, esta evolución continúa con las cartas y el Apocalipsis.

Precisamente por su profundidad teológica, a nivel simbólico más que doctrinal (como en Pablo), estos escritos tuvieron a veces cierta dificultad para ser acogidos y aún más para ser comprendidos de forma co¬rrecta. Pero hay que recordar que en la lucha contra las herejías cristológicas y trinita¬rias, los escritos de Juan, especialmente el evangelio y la 1 carta de Juan, fueron el arma más frecuentemente usada para la defensa de la ortodoxia. Una literatura, nacida de contrastes y entre contrastes externos (judíos, sinagoga y mundo en el evangelio; persecución romana en el Apocalipsis) e internos (falsos profetas, luchas por el poder), siguió siendo todavía, en la historia posterior, un catalizador tanto de la ortodoxia como de las sectas heréticas gnósticas y revolucionarias (en estas últimas jugó un papel importante el Apocalipsis). Lo cierto es que el pensamiento de Juan, junto con el de Pablo, está en la cima de la teología del Nuevo Testamento.

 

 

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