“El que de ustedes quiera ser el primero, que sea el servidor de todos”
Mateo 20, 27

 

Objetivo
Descubrir e imitar en María las virtudes de entrega y servicio a Dios en su plan de salvación de la humanidad

Desarrollo del tema
Texto bíblico iluminador: San Lucas 1, 39 - 56

Preguntas para reflexionar
- ¿Por qué María es modelo de caridad?
- ¿Estás viviendo el amor a tu hermano manifestadas en obras de caridad concretas?

En su catequesis del 23 de octubre de 2013 el Papa Francisco nos habla de María, como modelo de caridad. Nos dice: ¿De qué modo María es para la Iglesia ejemplo viviente del amor? Pensemos en su disponibilidad hacia su prima Isabel. Visitándola, la Virgen María no solo le llevó ayuda material, también eso, pero le llevó a Jesús, quien ya vivía en su vientre. Llevar a Jesús en dicha casa significaba llevar la alegría, la alegría plena. Isabel y Zacarías estaban contentos por el embarazo que parecía imposible a su edad, pero es la joven María la que les lleva el gozo pleno, aquel que viene de Jesús y del Espíritu Santo, y que se expresa en la caridad gratuita, en el compartir, en el ayudarse, en el comprenderse.

Nuestra Señora quiere traernos a todos el gran regalo que es Jesús; y con Él nos trae su amor, su paz, su alegría. Así, la Iglesia es como María, la Iglesia no es un negocio, no es un organismo humanitario, la Iglesia no es una ONG, la Iglesia tiene que llevar a todos hacia Cristo y su evangelio; no se ofrece a sí misma –así sea pequeña, grande, fuerte o débil- la Iglesia lleva a Jesús y debe ser como María cuando fue a visitar a Isabel. ¿Qué llevaba María? A Jesús. La Iglesia lleva a Jesús: ¡este el centro de la misión de la Iglesia, llevar a Jesús! Si hipotéticamente, alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, ¡esta sería una Iglesia muerta! La Iglesia debe llevar la caridad de Jesús, el amor de Jesús, la caridad de Jesús.

Escuchando al Papa, podemos preguntarnos ¿Qué pasa con nosotros? ¿Con nosotros que somos la Iglesia? ¿Cuál es el amor que llevamos a los demás? Es el amor de Jesús que comparte, que perdona, que acompaña, ¿o es un amor aguado, insípido, sin vida? ¿Es un amor fuerte, o débil, al punto que busca las simpatías, que quiere una contrapartida, un amor interesado? ¿Es nuestro amor como el de la Santísima Virgen, Pronto, atento, Generoso? Porque la Virgen no tarda, no es atenida sino que presurosa corre a ponerse al servicio de su prima, y sin importar que es la Madre del Salvador, se pone a ayudar a Isabel en todo aquello que puede. La caridad de la Virgen María es total y plena. Y esta realidad solo puede ser posible porque está llena de la caridad de Dios, se encuentra llena del amor de Dios. En efecto, nadie puede dar de lo que no tiene, y La Virgen María está llena del amor de Dios, de la Caridad de Dios por eso la comparte con su prima y no solo con ella sino con todos aquellos con quienes entra en contacto.

La Virgen María se convierte en la virgen servicial, la que no duda en abrirse a los demás para compartir sus alegrías y dolores. La servidora del Señor se hace servidora de sus semejantes. No podía ser de otra manera, porque no hay separación entre entrega a Dios y compromiso con los hermanos y vivió el servicio a los hermanos durante toda su vida.

Además del hecho de su visita para atender a su prima Isabel, encontramos otro ejemplo en las Bodas de Caná, narradas por el evangelista San Juan. En esta ocasión se nos presenta a María atenta a los quehaceres de la fiesta de las bodas, y preocupada de que por la falta de vino, intercede para que Jesús comparta su don con los presentes. Para Jesús el poder es sinónimo de servicio en el amor. “El que quiere llegar a ser grande entre ustedes será el servidor, y el que quiere ser el primero entre ustedes, será el esclavo de ustedes; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por todos" (Mt 20,25-28). Por tanto, imitando a la Virgen María compartamos el amor de Dios con todos aquellos que lo necesitan.

Testimonio
Edith Zirer, judía que vive en las afueras de Jaifa, cuenta cómo fue liberada del campo de concentración de Auschwitz cuando tenía 13 años de edad. Había pasado allí tres.

“Era una gélida mañana de invierno de 1945, dos días después de la liberación. Llegué a una pequeña estación ferroviaria entre Czestochowa y Cracovia. Me eché en un rincón de una gran sala donde había docenas de prófugos, todavía con el traje a rayas de los campos de exterminio. Él me vio. Vino con una gran taza de té, la primera bebida caliente que probaba en varias semanas. Después me trajo un bocadillo de queso, hecho con un pan negro, exquisito. Yo no quería comer. Estaba demasiado cansada. Me obligó. Luego me dijo que tenía que caminar para poder subir al tren. Lo intenté, pero me caí al suelo. Entonces me tomó en sus brazos y me llevó durante mucho tiempo, kilómetros, a cuestas, mientras caía la nieve. Recuerdo su chaqueta de color marrón y su voz tranquila que me contaba la muerte de sus padre, de su hermano, y me decía que también él sufría, pero que era necesario no dejarse vencer por el dolor y combatir para vivir con esperanza...Su nombre quedó grabado para siempre en mi memoria: Karol Wojtyla…San Juan Pablo II”

Liturgia:
En este mes de Mayo, disponer el templo, e invitar para disponer nuestras casas y nuestros lugares de encuentro de modo que María Modelo de caridad este siempre presente en nuestras vidas recordándonos la necesidad de compartir mi caridad y mi amor con todos en especial con los más necesitados.


Misión:
Visitar una familia que tenga alguna dificultad para animarla e invitarla a perseverar en la confianza a Dios

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